Skip to main content

Full text of "La ley de raza : drama en tres actos en verso"

See other formats


6 2 O 8 





CIRCULO LITERARIO COMERCIAL 



-»>*3-£>S p-S^g-Gj-^-*-*- 



LA ESPAÑA DRAMÁTICA 



»^<3>-3K3>"C v <&íX'-« — 



<8<W£32<B<Ba<&sr a>s a>©ssái@ 



REPRESENTADAS CON APLAUSO 



EN LOS TEATROS DE LA CORTE 





/-■ 



mmwm 

RIOS.MONIER, CUESTA. 



Catálogo de las obras dramáticas de la propiedad del Círculo Li- 
terario Comercial, estrenadas últimamente en los Teatros de 
esta corte. 



KN TRES ó MAS ACTOS. 

i a ley de raza. 

Estrella. 

Sancho Ortiz de las Roelas. 

Andrés Chenier. 

Adriana. 

La ley de represalias. 

El ramo de rosas. 

Caibar, drama bardo. 

El Trovador, refundido. 

Cristóbal Colon. 

Un hombre de estado. 

El primer Girón. 

El Tesorero del Rey. 

El Lirio entre zarzas. 

Isabel la Católica. 

Antonio de Leiva. 

La Reina Sara. 

Ultimas horas de un Rey. 

Don Francisco de Quevedo. 

Juan Bravo el Comunero. 

Diego Corrientes. 

El Bufón del Rey. 

Un Voto y una venganza. 

Bernardo de Saldaña. 

El Cardenal y el ministro. 

Nobleza Republicana. 

Mauricio el Republicano. 

Doña Juana la Loca. 

El Hijo del Diablo. 

Sara. 

García de Paredes. 

Boabdil el chico. 

El Fuego del cielo. 

Un Juramento. 

El Dos de Mayo. 

Roberto el Normando. 

COMEDIAS 
EN TRES ó MAS ACTOS; 

Un inglés y un vizcaino. 

A Zaragoza por locos. 

Los presupuestos. 

La condesa de Egmont. 

La escuela del matrimonio. 

Mercadet. 

Una aventura de Richelieu. 

Dendas de honor y amistad. 

Merecer para alcanzar. 

Para vencer, querer. 

Los millonarios. 

Los cuentos de la reina de Na- 

varra 
El hermano mayor. 
Los dos Guzmanes. 
Jugar por tabla, 
Juegos prohibidos. 
Un clavo saca otro clavo. 
El Marido Duende. 
El Remedio del fastidio. 
El Lunar de la Marquesa. 
La Pensión de Venturita. 
; Quién es ello ? 



Memorias de Juan García. 
Un enemigo oculto. 
Trampas inocentes. 
La Ceniza en la frente. 
Un Matrimonio á la moda. 
La Voluntad del difunto. 
Caprichos déla fortuna. 
Embajador y Hechicero. 
A quien Dios no le da hijos. 
La nueva Pata de Cabra. 
A un tiempo amor y fortuna, 
lil Olicialito. 
Ataque y Defensa. 
Ginesillo el aturdido. 
Achaques del siglo actual . 
Un Hidalgo aragonés. 
Un Verdadero hombre de bien. 
La Esclava de su galán. 
Pecado y expiación. , 
I Fortuna te dé Dios , Hijo ! 
No se venga quien bien ama. 
La Estudiantina. 
La Escala déla fortuna. 
Amor con amor se paga. 
Capas y sombreros. 
Ardides dobles de amor. 
El Buen Santiago. 
I Ya es tarde ! 
Un cuarto con dos alcobas. 
] Lo que es el mundo 1 
Todo se queda en casa. 
Desde Toledo á Madrid. 
El Rey de los Primos. 
Quien bien te quiera te liara 

llorar. 
Marica-enreda. 
Flaquezas y Desengaños. 
La Amistado las Tres épocas. 
El Diablo las carga. 

EN DOS ACTOS. 

Los pretendientes. 

Los dos amores. 

Deudas del alma. 

Pipo. 

Las diez de la noche. 

El Congreso de Jitanos. 

El Preceptor y su muger. 

La Ley Sálica. 

Un casamiento por hambre. 

Antes que todo el honor. 

[ Un divorcio ! 

La hija del misterio. 

Las cucas. 

Gerónimo el Albañil. 

María y Felipe. 

EN UN ACTO. 

El don del cielo. 

La esperanza de la Patria , ha. 

Alza y baja. 

Cero y van dos. 

Por poderes. 

Una apuesta. 

¿Cuál de los tres es el lio? 



La elección de un diputado. 

La banda de capitán. 

Por un loro ! 

Simón Terranova. 

Las dos carteras. 

Malas tentaciones. 

Dos en uno. 

No hay que tentar al diablo. 

Una ensalada de pollos. 

Una Actriz. 

Dos á dos. 

El Tío Zaratán. 

Los tres ramilletes. 

El Corazón de un bandido. 
Treinta días después. 

Cenar á tambor batiente: 

Las jorobas. 

Los dos amigos y el dote. 

Los dos compadres. 

Nu mas secreto. 

Monolito Gazquez. 

Percances de un apellido. 

Clases Pasivas. 

Infantes improvisados. 

Por amor y por dinero. 

Estrupicios del amor. 

Mi media Naranja. 

[ Un ente singular! 

Juan el Perdió. 

De casta le viene al galgoJ 

¡No hay felicidad completa! 

El Vizconde Bartolo. 

Otro perro del hortelano. 

No hay chanzas con el amor. 

I Un bofetón... ysoy dichosa! 

El premio de la virtud. 

Sombra , fantasma y muger. 

Cuerpo y sombra. 

Un Ángel tutelar. 

El turrón de noche-buena. 

La Casa deshabitada. 

Un Contrabando. 

El Retratista. 



LA LEY DE RAZA, 



DRAMA EN TRES ACTOS EN VERSO 



DE 



DON JUAN EUGENIO HARTZENBUSCH. 




3c: ..8o. 



MADRID— 1852. 

IMPRENTA Á CARGO DE C. GONZÁLEZ: CALLE DEL RUBIO, N.° 14. 



Digitized by the Internet Archive 
in 2013 



http://archive.org/details/laleyderazadrama25712hart 



Esta obra es propiedad del CIRCULO LITERARIO COMER- 
CIAL , que perseguirá ante la ley al que sin su permiso la reim- 
prima , varíe el título, ó represente en algún teatro del reino, ó 
en alguna soeiedad de las formadas por acciones , suscriciones, 
Ó cualquiera otra contribución pecuniaria , sea cual fuere su de- 
nominación , con arreglo a lo prevenido en las Reales órdenes 
de 8 de abril de 83o, , 4 de marzo de 1844, y 5 de mayo de 
18^7, relativas á la propiedad de obras dramáticas. 

Se considerarán reimpresos furtivamente todos los ejemplares 
que carezcan de la contraseña reservada que se estampará en cada 
uno de los legítimos. 



PERSONAS. ACTORES 



HERIBERTA (1) * Doña Teodora Lamadrid. 

GOSVINDA Doña María Rodríguez. 

FULGENCIO. . Don Joaquín Arjona. 

REGESVINTO Don Manuel Ossorio. 

BERTINALDO. ...,,... Don Enrique Arjona. 

EGILAN , . . . . Don Fernando Ossorio. 

GUNDEMARO Don Antonio Bermonet. 

Godos, españoles, soldados, esclavos, esclavas. 



La escena es en Toledo, año de Cristo 653 (2). 



* Las notas correspondientes á este y los demás números en- 
cerrados entre paréntesis, se hallan al fin del drama. 



AGTO PRIMERO. 



Sala en el palacio del Gobernador de Toledo. Dos puertas, una á 
cada lado; una mesa con libros, pergaminos sueltos y papiros, y 
una urna de suertes. 



ESCENA PRIMERA. 



Fulgencio. Gundemaro. 

Gund. Entrad. Mi señor, el Conde 
gobernador de Toledo, 
manda que esperéis aquí, 
mientras vuelve del entierro 
de su hermana la princesa, 
que está por vos en el cielo. 

Fulg. Aquí esperaré. 

Gund. Vos fuisteis 

esta vez único médico 
de la difunta: la ley 
os coge de medio á medio. 

Fulg. Sabia ley! seguramente 

digna «de los que la hicieron. 

Gund. La prudencia la dict<v 

Fülg. No, la ignorancfa y el miedo. 



669104 



-~ 6 — 

Gund. Siendo los conquistadores 

de España los godos, siendo 
vosotros los españoles 
los vencidos, ¿fuera bueno 
fiar la salud y vida 
nuestra del capricho vuestro? 
No sin razón en sus códigos 
nuestros reyes escribieron : 
«Si hace el médico sangría, (5) 
y muere el paciente luego, 
quede el médico al arbitrio 
de los parientes del muerto. >• 
—Sangrasteis á la princesa; 
murió: bajo este supuesto, 
su hija y su hermano tienen 
justo, innegable derecho 
sobre vos de vida y muerte, 
pena y gracia. 
Fülg. No lo niego. 

Los godos se han figurado 
que dar salud á un enfermo 
es oficio humilde, propio 
tan solamente de hebreos 
ó de esclavos, y nos tratan 
como tales. 
Gunü. Muy bien hecho: 

no merece más estima 
nación de tan poco aliento 
que se deja dominar 
de todos cuantos quisieron 
tomarse el fácil trabajo 
de echarle una argolla al cuello. 
Fenicios, cartagineses, 
romanos, cuantos han puesto 
los pies en España, en ella 
se os han quedado por dueños. 
Con lanza no hicierais mucho; 
con lanceta hay que temeros.— 
Por eso también están 
vedados los casamientos 
entre godo y española 
y español y goda. 
Fulg. Inmenso 

Dios, ¿cuándo acaba tan duro 
y afrentoso cautiverio? 



Gund. Cautiverio? ¿No queréis 

(|ue haya nobles y plebeyos? 
Cautiverio! Pues contad 
vos con otro más estrecho. 
Como alcaide de la torre, 
ducho en el oficio, entiendo 
algo de causas, y opino 
que, á buen librar en el pleito, 
no escapáis de ser esclavo. 

Fulg. Esclavo! 

Gund. Si han de venderos, 

yo os compro: suele ocurrir 
más de una vez que tenemos 
que dar á algún delincuente 
de elevado nacimiento 
una pócima que le haga 
ir sin ruido al cementerio; 
y en la ciudad imperial 
de España, no hay carcelero 
ni verdugo que en un lance 
igual sirvan de provecho. 
Vos ya sabréis... 

Fulg. Gundemaro, 

por favor... 

Gund. Creed, Fulgencio, 

que haré buen amo: aunque soy 
ostrogodo, soy biznieto 
del re"y Téudis. 

Fulg. ¿Y servís 

al Conde? 

Gund. Qué extraño es eso? 

La corona es electiva: 
muerto un rey. elige el reino 
otro, y sus familias quedan 
como antes del nombramiento 
del agraciado. Ya van 
algunos introduciendo 
la costumbre de que al padre 
siga el hijo, con asenso 
de la nación; Recesvinto 
está nombrado heredero 
de Quindasvinto, (4) y por él 
rige el timón del gobierno; 
mas como no tuvo tanta 
fortuna mi bisabuelo, 



yo en vez de su vara de oro, 
solo empuño mi llavero. 
Y por Dios que no me aflige 
mi suerte: peligra menos 
un alcaide que un monarca. 

Fulg. No han fallecido en su lecho 
muchos reyes visigodos: 
nunca habéis sido modelos 
de lealtad. 

Güiro. Es de valientes 

el pecar algo de inquietos. 
Ahora mismo un conde, un tal 
Froya, con un buen ejército 
de vascones y franceses 
proclama en el Pirineo 
la rebelión, y anteayer 
prendimos aquí un mancebo 
noble, emisario del dicho, 
que iba ganándole adeptos; 
pero descubierta ya 
la trama, no hará progresos. 
Hoy morirá ese muchacho; 
los reyes vendrán corriendo 
aquí desde San Román 
de Hornisga, adonde se fueron 
para la consagración 
de aquel edificio nuevo, 
fundación suya; y juntando 
golpe de gente, daremos 
al Conde rebelde un susto, 
colgándole de un madero. 

Fulo. ¿Quién es ese joven, cómplice 
de Froya? 

Günd. Lotario, deudo 

próximo suyo. Ay! ahora 
que le he nombrado, recuerdo 
que me pidió esta mañana 
el pobre con mucho empeño... 
Voy á decírselo al Conde. 
Por orden suya os encierro. 
(Vase y cierra.) 



— 9 — 
ESCENA II. 

Fulgencio. 

Esclavo á mi edad! Bien hizo 

Dios en llamar á su seno 

á mi esposa y á mi hija 

sin este dolor acerbo. 

Yo solo padeceré. 

Con todo, no desmayemos: 

la hermosa Heriberta, hija 

de la princesa, es espejo 

de virtud; y si su tio 

el Conde juzga severo 

mi causa, ella interpondrá 

por mí su piadoso ruego, 

que es orden casi: Heriberta 

dará la mano, en volviendo 

nuestro anciano rey, al príncipe 

Recesvinto, rey electo. 

Dignísima soberana 

será del gótico imperio. 

Abren. 

(Ábrese la puerta que está á la derecha del espectador, 

y sale Heriberta con precaución, trayendo una carta 

y una llave en la mano.) 



escena m. 





Heriberta .-Fulgencio 


FüLG. 


Ella es! 


Herib. 


Di con vos 




al fin. 


FULG. 


Me andabais buscando? 


Herib. 


En vos estuve pensando 




toda la noche de Dios. 



— 10 — 

Fulg. Oh! cuánta bondadl 

Herir. Si corre 

peligro la vida vuestra , 

con esta llave maestra 

podéis huir de la torre. 

Por vos al Gobernador 

hablé; no me ha respondido 

palabra, y aquí he venido... 

a que me hagáis un favor. 
Fulg. ¡Ojala me fuera dado 

serviros cual corresponde! 
Herib. Desde esta mañana el Conde 

me deja sin un criado. 
Fulg. Por qué de vos los aparta? 
Herib. Porque quiere que me fie 

de los suyos, y no envié 

hoy al Príncipe esta carta. 
Fulg. Yo la llevo : dadme... 
Herib. Vais 

á oiría ; que es importante , 

y os sorprenderá bastante 

lo que dice. 
Fulg. Ya tardáis. 

Herib. {Lee.) 

«Al ínclito príncipe godo Recesvinto, rey futuro de 

España , su sierva fidelísima.» 
Fulg. Sierva! 
Herib. Lo vais á entender. 

{Lee.) 

«Cuando partiste á San Román con tu padre el rey, 

nonagenario y achacoso, temías volver solo á Toledo; 

volvereis felizmente losólos, y me hallaréis huérfana. 

Ayer falleció la princesa Berengarda , á quien tuve por 

madre , y al morir me declaró que no soy su hija.» 
Fulg. Señora, no os engañáis? 
Herib. Ay! no. Oid. 

{Lee.) 

«La declaración fué hecha delante del conde Bertinal- 

do y su hija Gosvinda. La moribunda Berengarda 

confesó que hallándose lejos de su esposo el príncipe 

Kadimiro, dio á luz una niña que murió poco después, 

no de enfermedad , sino per un descuido inexcusable 

de la misma princesa. Temiendo el, terrible enojo de 

Radimiro , sustituyó la malograda criatura con otra 

que acababa de quedar sin padre ni madre, españo- 



— 11 — 

les ambos: la supuesta hija fui yo. La ley de raza, ley 
primordial del reino, prohibe que se case godo con 
española, prohibición que en vano pretendiste abolir en 
el postrer concilio : toda la nobleza gótica, acaudillada 
por el duque Egilan , te negó su voto. Nuestro con- 
certado enlace ya es imposible; nuestra separación pre- 
cisa y urgente: señala un retiro donde viva lejos de tí 
la española Heriberta.» 

Fülg. Vos que brilláis 

en la cumbre del poder , 
en virtud esclarecida , 
en gracias única y sola , 
¿sois de la raza española 
por los godos abatida , 
por esos conquistadores 
bárbaros vil declarada , 
con ignominia alejada 
siempre de cargos y honores? 

Herib. Igual vuestra soy. 

Fulg. Señora, 

qué región os vio nacer? 
quiénes os dieron el ser? 

Herib. Imposible es por ahora 

satisfaceros : la misma A 



Fulo. 
Herib. 
Fülg. 



Herib. 
Fülg. 



Herib. 
Fulg. 



saberlo , y hoy que faltó , 
más el secreto se abisma. 
Recibióme de un viajero, 
que movido á caridad, 
me trajo de una ciudad 
sita en la margen del Duero. 
Cuál? Numancia por ventura? 
La princesa no lo supo. 
Allí perecer le cupo 
á la infeliz hermosura 
de cuyos labios oí 
el dulce nombre de esposo ; 
también allí el fruto hermoso 
de sus entrañas perdí. 
Esposo fuisteis y padre? 
Al ser padre, hube de hacer 
un viaje , y hallé al volver 
sepultadas hija y madre. 
Triste suerte! 

Sí , en verdad' 



— 12 — 

suerte fué bien lastimera : 
la infeliz niña viniera 
hoy a tener vuestra edad. 
Mas cómo de vos me olvido? 
Perdonad mis digresiones ; 
dadme vuestras instrucciones 
para el príncipe querido , 
que la raza indo-germana 
feroz , que nos dominó , 
juntar piadoso intentó 
con la española-romana. 
Lo que principió imparcial 
como hábil hombre de estado 
concluyalo interesado , 
á fuer de amante leal. 

Herib. No son tales pensamientos 
los que mostrar me compete ; 
le encargaréis, que respete 
la ley de los casamientos; 
otras puede reformar 
que , de menor trascendencia 
ponen á valor y ciencia 
vergonzoso valladar. 
No se tiranice y befe 
más al español honrado , 
forzándole á ser soldado 
y estorbándole ser jefe. (5) 
No más la legal dureza 
vicie el arte de curar ; 
pueda el médico sangrar 
sin que arriesgue la cabeza. 
Quite el Principe advertido 
leyes que ordenan horrores , 
mengua de los vencedores 
y tormento del vencido. 
Si esto Recesvinto hiciere , 
solo con que se proponga 
conseguírnoslo , disponga 
de mí según le cumpliere. 

Fulg. Señora... 

IIerib. Fué en el abril 

placentero de mi vida 
por el rey Tulga pedida 
mi mano casi infantil : 
mis padres se la ofrecieron , 



— 13 — 

la muerte se la quitó , 

con pena la daba yo , 

con ira me lo riñeron : 

Recesvinto , á la sazón 

sin el real poderío , 

dominaba mi albedrío , 

rey era en mi corazón. 

Tuvo Tulga que dejar 

el cetro mal de su grado , 

y el padre de mi adorado 

fué elegido en su lugar ; 

y en época posterior 

nombró al hijo el reino entero , 

de su padre compañero , 

conreinante y sucesor. 

De su aclamación al grito 

vertí llanto de placer ; 

mi amor no pudo crecer , 

porque antes era infinito. 

Si Recesvinto , sus fueros 

guardando á mi suerte esquiva, 

de otro vínculo se priva , 

fiel á sus votos primeros ; 

aunque en triste soledad 

viva y muera de él lejana , 

felicidad más que humana 

será mi felicidad. 

Si dispone de su fe , 

porque otra en su pecho mande , 

mi dolor será muy grande ; 

mas yo lo soportaré , 

y firme se me verá , 

combatiendo con mi suerte , 

amarle en vida y en muerte , 

y aun si puedo más allá. 

Esto al Príncipe decid , 

esto no mas. 
Fulg. Ruido siento. 

Idos pronto , idos. 
Herib. Me ausento ; 

pero volveré. 
Fulg. Salid. 

(Abre Fulgencio con la llave maestra la puerta del 

lado derecho , y vase Heriberta.) 



— 14 



ESCENA ÍV. 

Bertinaldo. Gundemaro. -Fulgencio. 

Bertin. (A Fulgencio.) 

Habréis esperado mucho ; 

mas para juzgaros , quiero 

que os oiga el duque Egilah , 

y aun no ha venido : al momento 

que llegue , se os llamará ; 

mientras viene , distraeos 

los dos en la galería 

próxima. 
Gund. Os obedecemos. 

{Vanse Fulgencio y Gundemaro.) 



escena v. 



Gosvinda.— Bertinaldo. 



COSVIN. 


Padre , ya despedí á todos 




los criados que sirvieron 




á Heriberta. 


Bertin. 


Encarga mucho 




que la vigilen los nuevos. 




Evita que por ahora 




cunda ese descubrimiento. 


Gosvin. 


Por qué? 


Bertin. 


Después lo sabrás. 




Qué hace Heriberta? 


Gosvin. 


Hace... esfuerzos 




para mostrarnos que sufre 




con valor su abatimiento. 


Bertin. 


Grande ha sido su caida. 


Gosvin. 


Mayor fué su orgullo. 


Bertin. 


Pero 




harto lo espia. 


Gosvin. 


I. a hermosa 






— 13 — 

dama , de florido ingenio , 

sol refulgente de España , 

justa envidia de su sexo, 

la que intenta Recesvinto 

llevar al tálamo regio , 

pérfidamente injuriando 

mayores merecimientos , 

¡ nacer de sangre villana , 

cual flor que brotó del cieno ! 

¡ Bien me ha vengado la suerte 

del que , voluble y soberbio , 

en ella puso el amor 

que yo merecí primero ! 
Bertin. La venganza verdadera 

será conquistar su puesto. 

Clava los ojos en él. 

Yo te allanaré el sendero. 
Gosvin. Gosvinda le correrá 

con esplendor. Ya no tengo 

rival que temer: la tuve , 

la odiaba,- la compadezco. 

¡ Española quien se estaba 

reina de los godos viendo ! 

Fábula desde hoy será 

de grandes y de pequeños : 

guarecerla deberé 

del general menosprecio. 

Sobre su cabeza humilde , 

velada en lino modesto , 

mi mano pondrá la mitra 

de abadesa de un convento. 
Bertin. Ya está aquí Egilan : retírate. 
Gosvin. ( Aparte.) Ella el báculo , vo el cetro. 

( Vase. ) 



ESCENA VI. 

Egilan . -Bertin aldo . 



Egilan. lejos de Toledo habito: 

por la distancia he tardado. 
Bertin. Duque amigo , te he llamado 



— 16 — 

porque de tí necesito. 

Egilan. Ya me tienes á tu lado. 
Tu carta me sorprendió 
más que puedo encarecer. 

Bertin. Por hombres de gran valer 
España nos designó. 
¿ Qué es lo que nos toca hacer 
en ocasión tan funesta? 

Egilan. Pensar y obrar sin demora , 
Conde. 

Bertin. La cuestión es esta. 

Nuestro rey futuro adora 
en mi sobrina supuesta. 

Egilan. Ella es española. 

Bertin. Tilde 

que sobra para estorbar, 
en el orden regular, 
que aun el godo más humilde 
lleve á Heriberta al altar. 

Egilan. La ley que hasta aquí rigió , 
dice: «Quien godo nació , 
con goda, según su clase , 
ó vándala ó sueva case; 
mas con española no. » 

Bertin. Y bien, ¿se someterá 
el príncipe Recesvinto 
á esa ley ? 

Egilan. Dos veces ya, 

desde que reinando está 
con su padre Quindasvinto , 
dejarla quiso abolida. 

Bertin. En siendo por él sabida 

la confesión de mi hermana ., 
(y espero de hoy á mañana 
de hijo y padre "la venida ) ; 
gozoso de una ocasión, 
que disculpa en cierto modo 
la intentada abolición, 
deroga sin remisión 
la ley que ennoblece al godo ; 
la mano á Heriberta da ; 
y el dia que sustituya 
al Rey , que no tardará , 
una española será 
mi soberana y la tuya. 



— 17 — 

Egilan. Oh! pues yo tengo jurado 
desde el concilio pasado 
no sufrir legislador, 
que alce al pueblo conquistado 
igual al conquistador. 
El vencido , que soporte 
su yugo , baja la frente: 
por qué no fué más valiente? 

Bertin. La raza oriental del norte 
juega con las de occidente. 

Egilan. Si ese terrible decreto 



mañana quizas un nieto 

mió se viera sujeto 

al hijo de un casi esclavo. 

Semejantes exenciones 

no se adquieren con renglones 

de tinta ; cuestan más caras: 

den cosecha estas regiones 

de Viriatos y Megaras. 

¿Qué hazañas han merecido 

que saquemos de villanos 

á los que tanto lo han sido , 

que se les llama romanos , 

porque hasta el nombre han perdido ? 

No será , no. Decisión , 

Bertinaldo. 
Bertin. La tendremos, 

Egilan. Di tu opinión. 
Egilan. Es preciso que estorbemos 

á toda costa esa unión. 
Bertin. Y... cómo? 
Egilan. Es fuerza ocultar 

á esa mujer en lugar 

seguro , cual se requiere , 

para que mientras viviere, 

nadie la pueda encontrar. 
Bertin. Mal proyecto , Duque. ¿Dónde 

sin peligro se la encierra? 

Quién d'é su guarda responde? 

Tesoro tal no se esconde 

bien, ni aun debajo de tierra. 
Egilan. Pero el Príncipe vendrá , 

y Heriberta le hablará 

con tierna solicitud. 



18 — 



Bertin. 


Caiga ella en un ataúd , 




y no solicitará. 


Egilan, 


Juzgo que no hay precisión 




de que tan allá vayamos. 


Bertin. 


Pues con determinación 




de otra especie, no afianzamos 




la suerte de la nación. 


Egilan. 


Tiene muy negro matiz 




eso , Conde. 


Bertin. 


Qué delirio! 




Ella ha de ser infeliz : 




abreviemos su martirio, 




y se le excusa un desliz 




al Príncipe. 


Egilan. 


Cuál? 


Bertin. 


Si echamos 




del mundo á esa desgraciada , 




sin esperar la llegada 




de su amante , y ocultamos 




que fuese española , nada 




á Becesvinto exacerba 




contra la ley , y la ley 




sigue. 


Egilan. 


En verdad, sangre sierva 


Bertin. 


Donde el hacha no reserva 




ni aun la garganta del rey... 


Egilan. 


Poco supone. 


Bertin. 


Y el mal 




que ha de traer es enorme. 


Egilan. 


La defensa es natural. 


Bertin, 


Pues muera, si estás conforme, 




con un veneno. 


Egilan. 


Sí tal. 


Bertin. 


Se dirá que sucumbió 




á un accidente violento, 




y habrá quien jure que vio 




cuanto importare al intento. 


Egilan. 


Con esclavos se probó 




siempre cuanto se queria. 




Eso ha de ser. 


Bertin. 


Todavía 




me falta el veneno. 


Egilan. 


¿Quién 




nos le proporcionaría? 


Bertin. 


Servirnos pudiera bien 






— 19 — 

Fulgencio: yo de contado, 
para ponerle en apuro, 
encarcelarle he mandado, 
y teme un castigo duro. 

Egilan. Por qué? 

Bertin. Por haber sangrado 

con desacierto fatal 
á Berengarda, lo cual 
me le entrega á discreción, 
conforme á la ley penal 
de su triste profesión. 

Egilan. Habíale. 

Bertin. Ambos le hablaremos. 

(Llamando.) 
Gundemaro. 

Egilan. No debemos 

decir para qué persona 
el tósigo proporciona. 

Bertin. En su lugar nombraremos 
á Lotario. Óyeme y calla, 
y estarás pronto de acuerdo 
conmigo. 



ESCENA VII. 



Gundemaro.— Egilan. Bertinaldo. 

Gund. Señor... 

Bertin. Que venga 

ese hombre. 
Gund. (A Fulgencio.) 

Pasad adentro. 
Bertin. Vos salid. 

(Vase el alcaide y sale el médico.) 



— 20 — 
ESCENA VIII. 

Fulgencio.— Egilan. Bertinaldo, 



Bertin. [A Fulgencio.) 

Bien supondréis 
la causa por que estáis preso. 

Fulg. Conde Bertinaldo, sí. 

Bertin. Dispone el ordenamiento 
sobre los físicos... 

Fulg No 

tenéis que buscar el texto: 
de memoria me le sé 
desde que el monarca nuestro 
mandó que las leyes godas 
rigiesen á entrambos pueblos, 
en lugar de las romanas 
que entre nosotros rigieron. 
Muerta Berengarda, yo 
de sus parientes dependo: 
conocedor de la ley, 
á su rigor me someto. 

Egilan. Alma de noble mostráis. 
Abogo por este viejo. 

Bertin. Es delincuente: he sabido 
que hace larguísimo tiempo 
que no asiste á nadie, y debe 
creerse con fundamento 
que, sin práctica segura, 
se me presentó ofreciendo 
curar á mi hermana, solo 
por la codicia del premio 
que prometí, la alquería 
de más valor que poseo. 

Egilan. Qué respondéis? 

Fulg. Que es verdad. 

Desde que nos impusieron 
la dura ley visigoda, 
ley que hunde en el vilipendio 
la dignidad del saber . 



— 21 — 









Bertin. 
Egilan. 
Fulg. 



Egilan 



Bertin. 



Fulg. 
Bertin. 



Egilan. 

Fülg. 

Bertin. 



emanación del Eterno, 
juré no asir en mi vida 
el brazo calenturiento 
de hombre nacido a la sombra 
del solio de Recaredo. 
Muerta mi esposa , y con ella 
mi hija, presa del fuego 
mi pobre hugar, años y años 
devorando mi despecho , 
¿qué necesitaba yo 
de la ciencia que profeso? 
jHe tenido tantas veces 
en las manos un veneno ! 
Cómo? 

Sabéis?... 

A Dios gracias 
supe tener sufrimiento. 
Me hospedaron algún dia 
vuestros piadosos renteros, 
y el favor pagarles quise 
con la granja de su arriendo. 
Solo codiciaba yo 
que me llevase uno de ellos 
á los campos de Numancia , 
para saludar muriendo 
los escombros de mi albergue, 
de mi consorte los restos. 
Berlinaldo, este español , 
por sus nobles sentimientos, 
merece, en ley de equidad, 
indulgencia con sus yerros. 
En vez de imponerle pena 
mayor, le desterraremos 
á los campos de Numancia , 
ya que suspira por verlos. 
Patria mia ! 

Pero es fuerza 
que por tan dulce destierro 
nos muestre su gratitud. 
Justo es. 

Mi vida os ofrezco. 
Bien. El conde Froya trae 
á los vascones revueltos ; 
Lotario, cómplice suyo, 
está convicto, confeso 



— 22 — 

y sentenciado, y conviene 
mucho que muera en secreto. 
De un tósigo hablasteis : uno 
para Lotario queremos. 
Fulg. Es justa su muerte? 
Bertin. Ahí 

en la mesa está el proceso : 
podéis enteraros. 
Egilan. No 

debéis abrigar recelo. 
Bertin. Se quiere que no padezca 

rubor ni dolor el reo. 
Fülg. Me lo juráis? 
Bertin. Por mi nombre. 

Egilan. Por mi fe. 

Fulg. Pues dándoos crédito, 

y descargando en vosotros 
de la acción íntegro el peso , 
registrad la arquila donde 
traje los medicamentos, 
y un pergamino hallaréis 
en una caja de hierro. 
Aquel pergamino es obra (6) 
de un hábil físico griego, 
por quien en Numancia fué 
de orden superior compuesto ; 
y depositado en mí. 
cuidadoso le conservo. 
Los caracteres en él 
trazados, que son muy gruesos 
(pues el que los escribió 
debió formarlos á tiento), 
con un tósigo impregnados 
están, el más pronto y recio 
que hay. Al desarrollarle, 
pone el roce en movimiento 
la sustancia letal fija 
en las letras, despidiendo 
un como vapor sutil 
el pergamino funesto ; 
y al aproximarle al rostro 
como es natural hacerlo , 
para verle , mata en una 
sola inspiración de aliento. 
Egilan. Tan pronto? 



— 23 



FüLG. 


Es un rayo. 


Bertin. 


/.Deja 




señales ? 


FüLG. 


Ninguna. 


Bertin. 


¿Hay riesgo 




en desarrollarle? 


FüLG. 


No, 




como se le tenga lejos 




de la boca y la nariz; 




respirando sus infectos 




efluvios, cierta es la muerte. 




Por un descuido ligero 




del mismo que le compuso , 




trastornósele el cerebro , 




y murió loco. 


Egilan. 


Y el arca 




dónde está? 


FULG. 


Queda en mi encierro 


Egilan. 


Abierta? 


FüLG. 


Puesta dejé 




la Ha ye. 


Bertin. 


Duque, busquemos 




ese rollo. Vos quedad, 




y si aun dudáis , convenceos 




viendo la causa. 


Egilan. 


[Ap. al Conde-)Que ahora 




no entre nadie. 


Bertin. 


{Ap. á Egilan.) Cerraremos : 




allí tú, yo aquí. 


Egilan. 


Bien. 


Bertin. 


Vamos 



pues á probar los efectos 
del pergamino en Lotario. 
Egilan. Sí. 

( Vase cada uno pw su lado , y cierran, 



— n — 

ESCENA IX. 

Fulgencio. 



Se hablaban con misterio. 
Me habrán engañado? Público 
es lo del levantamiento 
de los vascones. Veamos 
si resulta verdadero 
el delito de Lotario. 

{Llégase á la mesa y examina un papiro, un papel.) 
Él lo confiesa.— Yo tiemblo , 
á pesar de todo. Alguno 
más va á morir sin remedio 
con ese escrito. 
(Llaman á la derecha.) 

Quién es? 



ESCENA X. 

Heriberta . -Fulgencio . 



IIerib. 


(Dentro,) 
Abrid. 




{Abre Fulgencio con la llave maestra, y sale lleri 




berta.) 




Informada estoy 




de que debe llegar hoy 




el Príncipe : dadme pues 




la carta. 


FüLG. 


Tomadla. 


Herib. 


¿Os han 




juzgado? 


FüLG. 


Se me confina 




en mi patria. 


Herib. 


¡Peregrina 




clemencia ! Salí de afán. 


Fulg. 


V á mí un recelo me acosa 



2ó 



Herib. 

FüLG. 



Herib. 
Fulg. 



Herib. 
Fijlg. 



Herib. 



cuando mi riesgo fenece. 
¿ Creeréis que me parece 
esta piedad sospechosa ? 
Cómo ? 

Con ingratitud 
procedo , y me lo acrimino ; 
pero me saca de tino 
cierta invencible inquietud. 
Vos, sobre quien el amargo 
cáliz la suerte derrama , 
vos, nada teméis? 

Me ama 
el Príncipe. 

Sin embargo , 
oid , oid los acentos 
de mí fe , de mi experiencia. 
Señora , la Providencia 
nos da los presentimientos ; 
y al quedar mi vida inmune, 
brota en mí la inspiración 
de que hoy en este salón 
Dios por algo nos reúne. 
Por algo vos hoy en mí 
secretos depositáis , 
por algo sobresaltáis 
mi pecho desde que os vi. 
Yo no sé lo que se trata ; 
pero al Conde le he fiado 
cierto escrito envenenado, 
el cual , leyéndole , mata. 
Que mata , decís ? 

Oh ! sí i 
con rapidez inaudita 
ó quita la vida , ó quita 
el uso del juicio : así 
obrad con detenimiento : 
sabed por lo que pudiera 
suceder , que tiene afuera 
título de testamento. 
Con verdad ó con tramoya , 
el Conde me le ha pedido 
para que muera sin ruido 
un reo, secuaz de Froya. 
Condenado á muerte yace 
preso el infeliz Lotario , 



— 26 — 

que es de Froya partidario ; 
pero mi vida ¿ á quién hace 
daño? á quién estorba ? 

Fulg. Joven 

hay á quien la envidia encona : 
si os quitaren la corona , 
que sin la vida os la roben. 

Herib. Corona! Mano clemente 
la alzó sobre mi cabeza ; 
otra mano con liereza 
me la arrancó de la frente. 
Ella se llevó espantados 
mis sueños de amor tan bellos , 
ella dejó mis cabellos 
por el hierro amenazados. 
Ya por mi dicha futura 
fingiendo sinceros votos , 
me hablan de vínculos rotos, 
de soledad y clausura. 
De sí me arroja el recinto 
que tembló bajo mi pié. 
Recesvinto! ¿Qué seré 
de hoy más para Recesvinto ? 

Fulg. Vienen: debéis retiraos. 
Pronto. 

Herib. Adiós. 

Fulg. Adiós quedad. 

El aviso recordad 
sobre el veneno. 
(Vase tleriberta.) 



ESCENA XI. 



Bertinaldo. Soldados godos.— Fulgencio 

Bertin. Llevaros 

debe el decurión Arnesto : 

id pues con él. 
Fulg. Permitid... 

El pergamino... 
Bertin. Partid. 



— 27 — 

Fulg. Me importa... 
Bertin. (Al decurión.) 

Alejadle presto. 

(Los soldados se llevan á Fulgencio 

Debe de todas maneras 

lo que suceda ignorar, 

porque es fácil sospechar... 



^ 



ESCENA XII, 



Egilan, con un rollo de pergamino en la mano.— Beutinalbo. 



Egilan. Lotario acabó. 

Bertin. ¿De veras 

quedó sin vida ? 

Egilan. No hizo 

más que lo que viste. Inerte 
como la piedra. Es la muerte 
misma ese infernal hechizo. 
[Pénele en la mesa.) 

Bertin. Conocida su eficacia , 
y estando para llegar 
los reyes , hay que atajar 
nuestra inminente desgracia. 
Tú no querrás comisión 
tan odiosa. 

Egilan- Es muy sencillo 

que repugnen á un caudillo 
comisiones de sayón. 

Bertin. Pero este negocio , ves 

que por su misma entidad 
pide mancomunidad 
completa, y no es para tres. 

Egilan. Confiésolo francamente. 

Bertin. Sorteemos. 

Egilan. Aceptado. 

Bertin. El que saque negro el dado, 
hará el funesto presente. 

Egilan. Bien. 

Bertin. Urna hay aquí. 

(Lléganse á la mesa.) 



— 28 — 

Menea. 

(Egilan sacude la urna y la abre ó destapa.) 
Egilan. Saca. 
Bertin. {Sacando un dado.) 

Marfil me tocó. 
Egilan. (Sacando otro dado.) 

Azabache. 
Bertin. {Ap. Me sirvió 

el acaso.) 

{Coge el rollo y se le da d Egilan.) 
Ten. Que lea. 

Te la enviaré. 

tVase.) 



ESCENA XIII. 

Egilan. 

Cruelmente 
resolví sin vacilar ; 
y ahora tiemblo de atentar 
contra esa pobre inocente. 
Pero si vive , consiento 
el mal que nos amenaza : 
primero es la ley de raza 
que una española ni ciento. 
Su amante nuestro perjuicio 
quiere : esto me justifica. 
El es quien la sacrifica , 
y á él le salva el sacrificio, 



ESCENA XIV. 

Heriberta.- Egilan. 



Herid. A vos , Duque , me dirigen : 
dadme pues conocimiento 
de no sé qué documento 
donde se explica mi origen. 



— 29 — 



Egilan. 


(Le da el pergamino.) 




Leed. 


Herib. 


(Tomándole.) 




Estáis conmovido. 


Egilan. 


Tal vez. 


Herib. 


Mi suerte os da pena? 




Yo la soporto serena , 




miradme. 


Egilan. 


Señora , os pido 




que no me habléis ni miréis , 




ni pretendáis que se os mire... 


Herib. 


Bien. 


Egilan. 


Y antes que me retire , 




leed. 


Herib. 


¡ Qué ceño ponéis , 




Egilan! (Ap. Entro en cuidado.) 




Y qué es este pergamino? 


Egilan. 


Señora , vuestro destino , 




que no es muy afortunado. 




Leed. 


Herib. 


Concibo la idea 




de que no ha de ser noticia 




la que halle , tan impropicia , 




cuando me instáis á que lea. 


Egilan. 


Insto... 


Herib. 


(Ap. mirando el rollo por fuera.) 




Qué es lo que reparo? 




Testamento*. — ¿Dice aquí 




testamento*? 


Egilan. 


No advertí... 




Sí. Testamento... muy claro. 


Herib. 


Claro me va pareciendo 




ahora. — ¿Queréis hacerme 




el obsequio de leerme 




esto , Duque ? 


Egilan. 


Yo? 


Herib. 


Comprendo. 


Egilan 


Qué? 


Herib. 


Que este escrito , al revés 




de lo que era de esperar , 




á vos os debe dañar , 




y á mí no. 


Egilan 


Sí. 


Herib. 


Cierto. ¿Y es 




aquí vuestra compañía 



— 30 — 

necesaria á la lectura? 
Egilan. Oh! no. Os dejo. (Ap. ¡Qué tortura 

padecí!) 

(En el momento en que Egilan vuelve la espalda , He- 

riberta desarrolla con mido el pergamino , evitando 

verle.) 
Herib. Virgen María! 

Ah! 

(Cae en el suelo : al oir la exclamación de Heriberta , 

vuelve Egilan.) 
Egilan. Cayó. Desarrolló 

el escrito , y por su mano 

cumplió el decreto inhumano. 

(Llamando.) 

Conde! 



ESCENA XV 



Bertinalbo.— Egilan. Heriberta , inmóvil en el suelo. 



Bertin. Qué hay? 

Egilan. Mira. 

Bertin. Ah! Leyó! 

(Recoge y guarda el pergamino.) 

Hola! (Llama.) 
Egilan. Infeliz 1 

Bertin. Hola! 



ESCENA XVI, 

Gosvinda. Esclavas. Esclavos.— Dichos. 

Bertin. (A su hija.) 

Ven. 
(A las esclavas.) 
Llegad : un fiero accidente 
la acometió de repente. 



— 31 - 

Llevadla donde le den 

auxilios. 

(Las esclavas levantan á Heriberta.) 
Herib. Ay Dios! 

Egilan. Respira! 

Bertin. {Fuera de sí mirando atónito al Conde. 

Qué hubo aquí? 
Herib. (Con voz sorda.) 

Maldad!... engaño! 
Gosvm. Qué ha sido esto? 
Herib. Ya... no hay daño. 

Gosvin. Pero qué fué? 
Herib. Que delira 

mi pobre madre... que niega 

lo que sabéis que es verdad. 

No la creáis , no! Callad! 



ESCENA XVÍÍ. 



GüNDEMARO.— .D/'c/í OS. 



Gund. Señor , el Príncipe llega. 
Bertin. El Príncipe ya en mi casa! 

(Hace que se va.) 
Herib. Aguardad. 

(Detiene al Conde.) 
Egilan. (Ap.) 

¿Si el maleficio 

le habrá trastornado el juicio? 
Bertin. (A Gosvinda.) 

Vé y cuéntale lo que pasa ; 

prevenle. 

(Vase Gosvinda. Heriber la , teniendo asido al Conde, 

coge con la otra mano á Cundemaro , y le dirige las 

expresiones que debia dirigir al Conde.) 
Herib. [A Gundemaro.) 

Viejo taimado , 

pariente infernal , confiesa 

y jura... que soy princesa : 

respeta mi principado. 
Gund. Ved... 
Herib. Esa voz de agonía 



— 32 — 

que te dio gozo feroz , 

la has de olvidar : esa voz 

ó deliraba ó mentía. 

{Suelta á líertinaldo.) 
Gund. Pero... 

(JBeriberta lleva á Gundemaro delante de una ventana.) 
Herib. Allí , tras la montaña , 

negro vapor aglomera 

el cierzo , que á la lumbrera 

del día la luz empaña. 

Mas el viento es cambiadizo : 

paró ; y el turbión que nace... 

se deshace... se deshace... 

se deshace... se deshizo! 

(Dirígese al Conde y al Duque.) 

De un sepulcro alzarse veis 

nube que á mi frente sube : 

rayos lanzará la nube, 

si "no la desvanecéis. 
Gund. (A los esclavos.) 

Qué es esto? 
Bertin. (Ap. á Egilan.) 

Lo que al autor 

del veneno le sucede. 
Egilan. (Ap. á Berünaldo.) 

En no casándose , puede 

vivir. 



ESCENA XVIII. 



Recesvinto. Gosvinda. Godos.— Heriberta. Egilan. Berti- 
naldo. Gundemaro. Esclavas. Esclavos. 



Bertin. 


Príncipe y señor! 


Gund. 


Qué infortunio presenciáis ! 


Hecesv. 


Apartad; hablarla quiero. — 




Heriberta... 


IIerib. 


Caballero... 


Hecesv. 


Soy Recesvinto. 


Herir. 


Seáis. 




No sois más? 



— 33— 

GOsyiN. Tu amante. 

Herib. Amanle. 

amante... Oh dulce sonido! 

Uecesv. Pero qué le lia sucedido? 

Herib. Mil cosas en un instante. 
Sobresaltos y sonrojos 
y peligros y caídas. 
Víboras pisé dormidas... 
embistiéronme á los ojos. 

Recesv. Cómo? 

Herib. La viuda á quien diste 

un abrazo en esta sala , 
de pronto se puso mala : 
de verla, me puse triste. 
Vinieron á casa ; tantos 
hombres de alta dignidad!... 
Su Divina Majestad 
y la Virgen y los Santos... 
Pero ay! entre hachas de luz 
tendida la vimos yerta , 
de áspero sayal cubierta , 
las manos juntas en cruz. 
¡Cuan poco duran los bienes 
del mundo! Quién lo diria? 
El pecho se me partía , v 
se me saltaban las sienes. 
Otra más , otra dolencia 
me iba royendo cruel: 
su nombre es como la hiél 
de amargo: se llama ausencia. 
Ojos , manos y clamores 
alcé á la esfera azulada : 
cubriómela una bandada 
de buitres devoradores. 
Una bóveda movible 
era de alas , garras , picos... 
Graznaban grandes y chicos; 
pero en lengua inteligible. 
Uno chillaba : «Heriberta , 
reina te hace la lisonja ; 
no lo serás : monja , monja. 
Dos gritaron : Muerta , muerta.» 
—Huí ; tinieblas y truenos 
detuviéronme horrorosos , 
y reptiles monstruosos , 



— 34 



Todos. 
Recesv. 



Herib. 



Recesv. 
Herib. 

Recesv. 
Hebib. 



lanzadores de venenos. 
Imposible resistir 
á tal angustia y espanto : 
no pude romper en llanto , 
y eché de golpe á reir. 
Ah,ja, ja, ja, ja! 

Está loca! 
Su juicio se extravió. 
Alguien contra ella atentó. 
Quién ha sido? Hablad. Quién? 



Poca 



precisión hay de que arbitres 
por mí ninguna medida : 
con tu ruidosa venida 
se han espantado los buitres. 
Quién te ofendió? 

Convendrá 
sí , que unos lazos les echen... 
Di, di más. 

Donde no acechen. 
Adentro. Ah , ja , ja , ja . ja! 
(Tómale de la mano y cnlranse.) 



FIN DEL ACTO PRIMERO. 



AGTO SEGUNDO 



Salón del pretorio , ó palacio del Rey. 



ESCENA PRIMERA, 



Heriberta, con el cabello corto, y vestida con un saco de peniten- 
te. Gosvinda , con traje rico. 



Herib. Ah, ja , ja , ja! Qué alegría! 

Gosvin. {Aparte.) 
Qué rabia! 

Herib. Ha sido chistosa 

la escena: yo , por la gracia 
que tengo, divinatoria, 
lo previ. Doliente el Rey , 
¿al Príncipe se le antoja 
llamarnos á su pretorio? 
No volveré pesarosa. 
Aun es el Príncipe mió. 



— 36 — 

Gosvin. [Aparte.) 

Que ha de humillarme una loca! 

Herib. Pero ¡qué airado se puso, 
cuando me vio motilona ! 
Qué ojos te echó! Te quedaste 
más pálida que una momia. 

Gosvin. Tu confesor y tu médico 
lo mandaron. 

Herib. Te equivocas. 

Míos no son ; de tu padre 
sí , pues viven á su costa , 
y le sirven... y á tí. 

Gos\in. Crees?... 

Herib. Creo en la Iglesia católica , 
mandamientos y oraciones 
y obras de misericordia. 

Gosvin. Pero tú... 

Herib. Ya dije al Príncipe : 

«Mi prima no es envidiosa : 
hecha una visión me trae : 
sin embargo , no supongas 
que es por deslucirme : yo , 
aunque me vista de diosa... 
valgo más que ella.» 

Gosvin. Atrevida! 

Herib. Pues si es la verdad. Quien toma 
la cara que le dan , y , 
sin verla , se la coloca 
encima , no tiene culpa 
si es fea, ni si es hermosa. 
Y si me valiese de algo 
la mia... Pero ¡se portan 
conmigo de una manera!... 
Me escarnecen , me desmochan , 
me jaropean , me encajan 
un sayo de hilaza tosca , 
me llevan de templo en templo , 
me santiguan y me hisopan... 
A qué ? 

Gosvin. A volverte cual antes , 

en tu juicio. 

Herib. ¡Meritoria 

idea! ¡Como antes fué 
mi vida tan deliciosa! 
Los ojos siempre en el suelo , 






— 37 — 

siempre un candado en la boca... 
Vaya! ¿Quién chista delante 
de esas benditas matronas 
de Toledo , que de todo 
parlan , y todo lo ignoran? 
Viva me hubieran comido , 
si imprudente ó vanidosa 
hubiese dejado alguna 
vez traslucir ni una coma 
de la instrucción que me dio 
mi esclava griega Heliodora. 
Porque yo me sé los cuatro 
evangelios de memoria , 
y he estudiado á Cicerón , 
y he leido las historias 
de Tito Livio y Procopio , 
y deliro con las obras 
del genio que inmortaliza 
los campos que fueron Troya. 

Gosvin. En!... 

Herib. Ménin aeide , Zea... 

Gosvin. Basta ya. 

Herib. Y escribo coplas. 

Un himno á la Virgen hice!... 
Pues ¿y mi sátira contra 
los novios? 

Gosvin. ¿No hay uno bueno 

para tí? 

Herib. Pregunta impropia! 

Siendo loca una mujer , 
qué falta le hace ser novia? 
Me lo habrás tú dicho mil 
veces , y me quedo corta. 

Gosvin. Tienes razón. 

Herib. El casarse 

se queda para vosotras , 
las que no entendéis la lengua 
de Homero ni de Mahoma, 
Por eso , para ocultar 
la desnudez vergonzosa 
del espíritu , cubrís 
el cuerpo de seda y joyas. 
A propósito , primita 
del alma , por qué me robas? 

Gosvin. Cómo? 



-38 



Herib. 


Ese collar es mió. 


Gosvin. 


Tuyo? 


Herib. 


De Constantinopla 




mandó que se le trajeran 




el rey Tulga , que esté en gloria , 




y me le regaló... y estas 




manillas... y esa aureola. (7) 


Gosvin. 


(Ap. Y no me advierte mi padre!...) 




Tú te engañas. 


Herib. 


Soy yo tonta? 




Sabiendo griego , ¿no quieres 




que mis alhajas conozca? 




Pero esas bien poco valen ; 




mira... esta sí que es preciosa. 




{Señala un anillo que lleva.) 




Un corazón de diamante , 




que me dio el Príncipe : goza 


■• 


las demás : esta , no es fácil 




que en el dedo te la pongas. 


Gosvin. 


Heriberta!... 


Herib . 


¿Qué te da , 




prima? 


Gosvin. 


Tú de mí te mofas? 


Herib. 


Tal vez. 


Gosvin. 


Sabes tú quién eres? 


Herib. 


Todos princesa me nombran ; 




lo puedes tú desmentir? 


Gosvin. 


(Aparte.) 




¡Oh precisión rigorosa 




de callar! 




ESCENA II. 




Bertinaldo.— Heriberta. Gosvinda 


Bertin, 


Qué pasa? 


Herib. 


Es vuestra 




Gosvinda que se sofoca , 




y porque os hacen tutor 




mió , la echa de tutora. 


Bertin 


. (Ap. á su hija. Disimula.) No haya más. 
Abrazaos. 

Cara fosca , 


Herib. 



— 39 — 





ven acá. 


Gosvin. 


{Aparte.) 




Me abraso en ira. 


Herib. 


Tu padre, ni aun cuando ahorca 




sin razón a un infeliz , 




sale de su calma heroica : 




aprende de él. 


Bertin. 


En efecto, 




no obstante que me ocasiona 




grave daño lo que hiciste 




dias bá , mi bondadosa 




condición , sin reparar 




en nada , te lo perdona. 


Herib. 


Perdonar ! ¿Qué habéis tenido 




vos que perdonarme ? 


Bertin. 


Rotas 




mis arcas lo están diciendo. 


Herib. 


Les entraba la carcoma 




ya: cogí un hacha... zis, zas, 




plum!... —Pero ¡buena limosna 




di con el oro que hallé ! 


Bertin. 


No es el oro lo que importa ; 




guardaba yo allí escrituras 




sobre negocios de monta, 




y las quemaste , según 




dijiste. 


Herib. 


Ah ! sí. 


Bertin. 


Reflexiona 




un poco , Heriberta : ¿fueron 




todas abrasadas? 


Herib. 


Todas... 




No; reservé un pergamino. 


Bertin. 


Cuál ? 


Herib. 


Uno con letras gordas 




por defuera. 


Bertin. 


Qué decían? 


Herib. 


Testamento. 


Bertin. 


(Aparte.) 




Él es. 


Herib. 


Curiosa 




de verle , le aparté; luego... 




ni aun le miré. 


Bertin. 


Y le custodias?... 


Herib. 


Sí. 


Bertin. 


Dónde ? 



— 40 — 

Herib. En sitio seguro , 

en una caja redonda. 
Bertin. En qué sitio ? 
Herib. Está en la caja... 

con las dulces prendas solas 
de que soy en mi orfandad 
legítima posesora. 
Gosvm. Qué prendas? 
Herib. Cartas. 

Gosvin. De amor? 

Herib. Son del Príncipe. 
Bertin. Bien , cosa 

justa es que las guardes ; pero 
hay precisión perentoria 
de que me devuelvas ese 
pergamino. 
Herib, Yo estoy pronta... 

con tal que discurra dónde 
le puse. 
Bertin. Cómo! 

Herib. Se embrolla 

mi razón ; ya no me acuerdo. 
Gosvin. Esfuérzate! 
Bertin. Prueba... 

Herib. Ociosa 

fatiga : no puede ser. 
Voz que recorre estas bóvedas, 
me susurra : «Cuando el Príncipe 
te interrogue , no respondas ; 
calla y espera.» Vosotros 
no sois para mí personas 
tan queridas : debo andar 
con vosotros cautelosa. 
Gosvin. Nada alcanzáis. 
Bertin. {Aparte.) 

Observándola , 
descubriré... 
Herib. Me acongoja 

el temor de que ha de ser 
mi franqueza perniciosa , 
fatal al Príncipe. 
Bertin. Oh ! no 

lo creas. 
Herir. Ay ! En Vasconia , 

fuera de Vasconia ya , 



GoSYlN. 

Bertin. 
Herib. 



Bertin. 

Gosvin. 
Bertin. 



Herib. 



— ií — 

suena la bélica trompa; 
soldados por todas partes 
en Toledo se amontonan : 
Recesvinto va á salir 
con ellos á Zaragoza ; 
el Rey enfermo peligra ; 
voces oigo misteriosas 
allá en el palacio nuestro , 
y caras miro traidoras. 
Mi amor , que observa con susto 
las nubes que el cielo entoldan , 
calla y la tormenta aguarda 
que viene rugiendo sorda. 
Qué tormenta? 

Qué has oido ? 
Que los godos se alborotan 
porque , á las nuevas legiones 
que de españoles se forman , 
el Príncipe quiere dar 
jefes de la raza propia 
de ellos , españoles. 

Es 
innovación peligrosa. 
Antinacional. 

No sufre 
la raza conquistadora 
que le amengüen privilegios 
que le dan provecho y honra. 
Y hace bien. El godo , cuando 
Marte su pendón tremola , 
quita al español sus hijos , 
los arma de espada y cota , 
y acaudillándolos él , 
á la muerte los arroja. 
Le suelen ellos ganar 
el triunfo , y él se le apropia ; 
pero esa es la ley , y cuanto 
en contrario se disponga , 
es injusto : no lo hará 
el Príncipe , si es que adopta 
mi opinión. Voy al jardín 
del Rey... 
{A Go&vinda.) 

Te traeré una rosa... 
amarilla... como tú. [Vane.) 






— 42 — 



ESCENA III. 



Bertinaldo. Gosvinda. 



Gosyin. Padre , esta locura... 

Bertin. ¿Tornas 

á sospechar que es fingida? 

Gosvin. ¿ Qué causa hay satisfactoria 
para imaginarla cierta? 

Bertin. Qué causa? Las hay de sobra. 
(Ap. No sabe lo del escrito 
de la letra venenosa.) 

Gosvin. Esto de no recordar 

ni una vez que es española , 
á grave sospecha mueve. 

Bertin. Circunstancia provechosa , 
que debemos bendecir , 
pues , cierta ó fingida , apoya 
nuestros proyectos. Conviene 
que el Príncipe no conozca 
el tal secreto , sin que antes 
ciña tu sien la corona. 

Gosvin. Recesvinto no me ama , 

ni me amará nunca ; me odia , 
y yo le aborrezco ya. 

Bertin. Iras de mujer celosa , 

que debe lanzar del pecho 
quien la diadema ambiciona. 
Mal se ganan voluntades 
con frente ceñuda y torva, 
muéstrate amante , y verás 
que ser bien pagada logras. 
Al Príncipe en este punto 
propone Egilan tus bodas. 

Gosvin. Las rehusará, le tiene 
ciego mi competidora : 
triunfará de mí. 

Bertin. ¿lia de ser 

una demente su esposa? 
Fia en mí y en Egilan : 
toda la nobleza gótica 



43 — 



Gosvm. 
Bertin. 



Gosvin. 
Bertin. 



quiere la unión que prepara 
mi diestra fuerte y mañosa , 
y pronto el regio dosel 
dar«á á tu cabeza sombra. 
Pronto , decís? 

Y si no , 
Toledo se insurrecciona... 
y tu rival... á mi cargo 
queda. 

Os oigo con zozobra , 
padre. 

Quindasvinto hará 
que el Príncipe reconozca 
lo que el bien del reino exige 
y el suyo propio. 



ESCENA IV. 



Hériberta , con un ramo de flores.— Bertin aldo. Gosvinda. 



Herib. 



Gosvin, 
Herib. 



Bertin. 
Herib. 



Gosvin. 
Bertin. 



Herib. 



Señora 
prima , flores traigo aquí 
de vario color y aroma : 
para tí las que no tienen 
espinas , las punzaduras 
para mí. 

Gracias. 
(A Berlinaldo.) 

Por vos 
pregunta en la estancia próxim; 
vuestro alcaide. 

Gundemaro? 
Pues : viene con una tropa 
de médicos , rebuscados 
con celeridad pasmosa 
por él y otros , en ciudades 
inmediatas y remotas. 
El Príncipe* lo mandó. 
Hijo amoroso , convoca 
sabios , que á su padre asistan 
en su dolencia penosa. 
Fulgencio le dio en Numancia 



— 41 — 

una epístola amatoria 

para mí : vedla y dejádmela 

después ; que estoy deseosa 

de saber qué dice. 
Bertin. Ven 

con nosotros. 
Herib. Quiere ahora 

hablarme el Príncipe. 
Gosvin. Vamos 

de aquí , padre. (Ap. Me devoran 

los celos.) 
Bertin. Te enviaré 

esa carta sin demora. 

(Vanse padre é hija) 



escena v. 



Heriberta. 



Todo su palacio el Conde 

vá á registrar , para ver 

si halla el ponzoñoso escrito 

de que yo me apoderé. 

Conviene que me le guarde 

en este pretorio el Rey, 

á quien leal descubrí 

mi ungida insensatez. 

Él manda que lleve aun 

la máscara que tomé : 

con su hijo , con mi amante 

me obliga á fingir también , 

hasta que pasen los riesgos 

que nos cercan en tropel. 

Si hoy sabe quién soy el Príncipe 

hoy rompe la odiosa ley ; 

en el trono me coloca , 

y enciende guerra cruel, 

guerra en que íin espantoso 

nos amenaza á los tres. 

Por mucho menos ya se alzan 

los godos contra mi bien : 

velar por su Yida y gloria, 



— 4o — 

salvársela es mi deber. 
Triunfe del Conde rebelde, 
por que ha de triunfar , lo sé; 
caerá mi disfraz entonces 
a vista de su laurel , 
y podrá el Príncipe al reino 
su voluntad imponer. 



escena vi. 



Recesvinto.- HERIBERT/V. 

Recesv. Yo no sé, prenda mia , a, 
si en la memoria tienes V2 
el azaroso dia ^ 

que á esta ciudad volví, c 
Después de ausencia triste, \ 
verte me dio más pena : -±> 
tú me desconociste, ¿X 
yo no te conocí. ^ 
«Haz (dije) manifiesta G¿ 
la causa de tu daño.» 
Saqué de tu respuesta-, 
pesar y confusión. 
Males sin fin sospecho , 

y hablarte determino 

bajo el seguro techo 
de esta real mansión. 

Ella con paz te brinda ; 

no hay quien tu voz espié ; 

lejos está Gosvinda 

y el Conde y Egilan. 

Aviva de tu mente 

las fuerzas lastimadas , 

y haz la ocasión patente 

de tan cruel desmán. 

Que yo, por más que vea 

tu frente sin su ornato, 

y que tu cuerpo afea, 

vil sayo de capuz , 

nunca, de' ningún modo 

me allano a persuadirme 



— 46 — 

que la razón, del todo 
te retiró su luz. 
Detras de la apariencia, 
descúbrese á mis ojos 
mano de atroz violencia, 
que fiera te amagó. 
Silencio inoportuno 
es el que guardas tanto : 
di si te ofende alguno, 
di si te ofendo yo. 
IIerib. Quejas me das amantes, 
quejas que son mi gozo ; 
me ves lo mismo que antes , 
cuando tan otra estoy. 
Oh! gratitud inmensa, 
Príncipe, te dedico. 
Recesv. Mi bien! 
IIerib. Tú hacerme ofensa ! 

Yo quien te ofende soy. 
Recesv. En qué? 
Herib. No acibaremos 

este momento dulce ; 
pesares olvidemos, 
y no preguntes más. 
Segura yo contigo, 
no en mis contrarios pienses : 
¿hubo sin enemigo 
poder ni amor jamás? 
Recesv. Luego los tienes?... luego..» 
IIerib. Por Dios, no me interrumpas 

óyeme con sosiego. 
Recesv. Di. 

IIerib. Libre de inquietud , 

con risa halagadora 
mirándome fortuna, 
rayó mi doble aurora 
de amor y juventud. 
Mi corazón tu marca 
desde la infancia lleva: 
se le negué á un monarca 
por consagrarle á tí. 
Recesv. Oh dicha! 
Herir. Él, recelando, 

te proscribió sañudo ; 
con su sangriento bando 



— 47 — 

no te arrancó de aquí. 
Recesv. Tú me infundiste brío 
para moverle guerra : 
tuyo es el triunfo mió , 
y otros aguardo aun. 
Herib. En puesto yo sublime, 
tú noble oscuro entonces, 
amarte tanto, dime, 
es un amor común? 
Recesv. Es solo el que saciara 

mi sed de gloria ardiente. 
Herib. ¿Será exigencia rara 

pedir mi galardón ? 
Recesv. Hermosa 1 .. . considera, 
que á ser el premio justo, 
mil vidas que tuviera 
fueran mezquino don. 
Herib. Nos alza y nos humilla 
la suerte á su albedrío : 
de mi dorada silla 
bien puedo yo caer. 
Recesv. Mis brazos en tu ayuda 

se tienden amorosos. 
Herib. Ay ! la princesa viuda 
me dijo al fallecer: 
«Dilata el ser esposa 
del Príncipe años y años , 
ó su funérea losa , 
mi espectro moverá.» 
Recesv. A voces sin sentido 

quién dócil se somete? 
Herib. La tumba se ha movido, 

su huéspeda saldrá ! 
Recesv. Repara... 
Herib. Un bandolero 

subleva la Vasconia : 
vé y hágala tu acero 
postrada obedecer. 
Para que no peligres, 
vierte de sangre lagos , 
ó tus vasallos tigres 
la tuya han de ueber. 
Sin que ornen los dinteles 
de este pretorio excelso 
trofeos y laureles , 



— 48 — 

no me hables ya de amor. 
Pero promete y jura 
que si de ser tu esposa 
quiere mi desventura 
quitarme el dulce honor, 
ó de otra compañera 
te negarás la mano , 
ó la que yo prefiera 
solo la alcanzará. 
Con tal ofrecimiento 
mi amor tendrá su paga, 
con él mi entendimiento 
nubes ahuyentará. 

R ecesv . Ya de ese bien seguro 
me dejan tus razones : 
cuanto me pides juro, 
y amarte hasta morir. 

Herib. Siquiera mientras guarde 
yo tu sortija. 

R ecesv. Guárdala 

siempre. 

Herib. Si puedo, tarde 

la he de restituir. 

Recesv. Egilan. Vete. (Ap. Enfadoso 
es este hombre en su tesón.) 

Herib. [Aparte.) 

Oir su conversación 
me debe ser ventajoso. 
(Vase.) 



ESCENA VI. 



Egilan. — Recesvinto. 



Recesv. 
Egilan. 



Recesv. 
Egilan. 



Y bien? 

No vuelvo á insistir 
en que á Gosvinda concedas 
tu mano : tú me lo vedas, 
y hay más en que discurrir. 
Duque... 

Te vengo á rogar 
que no alteres la costumbre, 
cuando tanta muchedumbre 



- 49 — 

de gente quieres armar. 
Se dice en calle y en plaza 
que deben los reelutados 
españoles ir mandados 
por caudillos de su raza. 

Recesv,* Tal pienso: con recompensas 
justas amor inspiremos; 
no digan más que vencemos 
sin su pro y á sus expensas. 

Egilan. Tú pues , no tan solamente 
al vínculo te has negado , 
que te afianzara un reinado 
pacífico y floreciente , 
sino que , dado al afán 
continuo de malquistarte , 
pretendes que el talabarte 
se ciña de capitán 
gente que se me figura 
que va á pensar , muy en ello , 
que la cadena del cuello 
se le pasa á la cintura. 

Recesv. La cadena agobiadora 
volver quiero yo ligera : 
nuestra raza degenera , 
la indígena se mejora. 
Forzadas á competir , 
ganen ambas á la par : 
no querrá el godo bajar 
si ve al español subir. 

Egilan. ¿Temes tú que la nobleza 
visigoda se avillane ? 

Recesv. Yo pretendo que se hermane 
lo que unió naturaleza. 
Siglo y medio há que vivimos 
juntos en una región : 
ni ellos lo que fueron son , 
ni nosotros lo que fuimos. 
Tu habla , tu aspecto , esa ropa , 
digna de un galán de Aspasia , (8) 
¿muestran al bárbaro de Asia , 
huésped y azote de Europa? 
Echados del setentrion 
por el frió y por el hambre , 
caimos en grueso enjambre 
sobre una y otra nación , 






— 50 — 

y donde rico estipendio 
no pagó nuestra jornada , 
la dejaron bien marcada 
la mortandad y el incendio. 
Pero en España , que fin 
puso al dilatado viaje , 
no era ya el godo el salvaje 
que á nado cruzaba el Rhin ; 
antes al ver con escándalo 
en ella déspotas nuevos , 
arrolló alanos y suevos 
lanzó al silingo y al vándalo. 
Mandatarios imperiales, 
ascendimos á señores 
venciendo á los invasores , 
ganando á los naturales , 
y ellos , en la sujeción 
conservándose sin mengua , 
nos impusieron su lengua , 
costumbres y religionT 
En virtud , sabiduría 
y número nos exceden. 

Egilan. Ejercer con fruto pueden , 
labranza y ganadería , 
tejer seda con primor 
y edificar un castillo ; 
pero el cargo de caudillo 
pide ánimo superior. 

Recesv. Froya dirá si en justicia 
mi resolución se apoya. 

Egilan. ¿Y no vencerás á Froya 
sin esa nueva milicia? 

Recesv. Poco le temo , Egilan , 
soldados rijo de cuenta; 
pero á tí ¿no te amedrenta 
desde África el musulmán? 
Hacia nosotros avanza , 
nadie de él está seguro : 
fabriquémonos un muro 
donde se rompa su lanza. 
Unidos para las lides 
godo y español , sereno 
aguardaré al sarraceno 
en las columnas de Alcídes ; 
pero teniendo neutral 



— 51 — 

al español y remiso , 
como tenerle es preciso 
cuando se le traía mal ; 
si nosotros no atajamos 
la furiosa inundación , 
dejará con su inacción 
él , que se aneguen sus amos , 
y á salvo en puesto contiguo, 
reirá de ver que llegó 
dia en que pisoteó 
nuevo tirano al antiguo. 
Corona espera mi sien , 
Egilan ; y si algo puedo , 
no exhalará mi Toledo 
el ay de Jerusalen. 
Egilan. Un riesgo que ignoras labras, 
y el que presientes no evitas : 
mira que te precipitas ; 
por Dios , que los ojos abras. 
Cuando sulquen el Estrecho 
las galeras del infiel , 
á recibirle en tropel 
iremos con firme pecho , 
donde sin ayuda ajena , 
sino la que el cielo preste , 
gane el triunfo nuestra hueste , 
ó se abra tumba en la arena. (*] 
Muera yo , como haga riza 
primero , y quiebre la hoja 
de mi espada , no la coja 
mano de sangre mestiza , 
sangre hispana , que cien veces 
con otra se revolvió , 
y en la mezcla desechó 
lo bueno, y guardó las heces. 
Luz de gloria nunca radie 
sobre esa familia extraña : 
nosotros somos España , 
fuera de nosotros nadie. 
Al hombre que nace y crece 
á nuestros pies , no podemos 



(*) Los ocbo versos siguientes pueden suprimirse en la repre- 
sentación. 



— 52 — 

amarle ; le aborrecemos , 

y aun al que no le aborrece. 

Quieres una prueba? Impía 

es , horrorosa es la prueba ; 

mas dice adonde nos lleva 

nuestra terca antipatía. 

Si Heriberta no enloquece , 

muere á mis manos de fijo. 
Recesv. ¡Matar á la que yo elijo 

para tu reina! Merece 

tan solo el pensarlo mil 

muertes , mil. Pues qué os ha hecho? 
Egilan. La llamabas á tu lecho , 

y es una española vil. 
Recesv. Es hija de Radimiro, 

es hija de Berengarda. 
Egilan. Es de la estirpe bastarda : 

lanzando el postrer suspiro 

Berenga rd 3, reveló 

el hecho , el cómo y por qué , 

y el Conde testigo fué, 

y Heriberta lo escuchó. 
Recesv. Cielo santo! 
Egilan. Ahora, desnuda 

tu acero , y el pecho parte 

al que , mirando á salvarte , 

no enfrena su lengua ruda. 

Tú luego perecerás : 

ya está en feroz asonada 

tu muerte determinada. 
Recesv. Oh! yo sabré... 
Egilan. Ni sabrás , 

ni podrás : no hay defensores 

de rey que su ser abjura ; 

tragará la sepultura 

tus planes trastornadores , 

tragará contigo al viejo 

nonagenario, que hubiera 

finado en paz su carrera. 
Recesv. Mi padre!... Duque!... 
Egilan. Un consejo. 

En sus manos moribundas 

pongamos nuestras cuestiones : 

yo diré mis pretensiones ; 

di tú el no y en qué lo fundas. 



— 53 - 

Recesv. Egilan , el Rey consiente 

mi justo y noble decreto. 
Egilan. Quizá escuche con respeto 

la voz del riesgo inminente. 
Recesv. Él tenierl 
Egilan. Si convenís , 

mi parecer avasallo 

al tuyo. 
Recesv. Dicte su fallo 

mi suerte y la del país. 

( Vanse.) 



ESCENA IX 



Heriberta. Gcndemaro. 



Günd. Pasad. ¿Qué estabais haciendo 
aquí? 

Herib. No lo comprendéis? 

Gund. Acechabais , eb? 

Herib. Y oia 

cosas de mucho interés. 

Gund. Linda maña! 

Herib. las mujeres 

son amigas de saber. 
A propósito , ¿me das 
el consabido papel? 

Gund.. A eso vine. 
[Se le da.) 

Herib. ¿Qué te dijo 

Fulgencio? 

Günd. Que os quiere ver , 

que necesita salir 
de Nnmancia , que logréis 
que le perdone el destierro 
el Conde , mediando el Rey. 

Herib. Por qué se quiere venir? 

Gund. Porque intenta recorrer 

media España ; ha descubierto 
que una hija que tuvo, fué 
robada ; pues no murió , 



— 54 — 



Herib. 

GUND. 



Herib. 
Gund. 

Herib. 



Gund. 



Herib. 
Gund. 

Herib. 



Gund. 



como le hicieron creer. 
Es posible? 

El hombre tiene 
el juicio hecho una babel 
con la noticia , y anhela... 
Sí. Leamos. 

¿Aun leéis 
sin dificultad ? 

Ninguna : 
todo lo comprendo bien. 
Oye y juzga. 
{Lee.) 

«Princesa : Necesito veros por vos y por mí ; sabed 
entre tanto que se disponen varias ciudades á unirse 
con el rebelde Froya , y que se niegan muchas á hacer- 
le guerra: el designio de conferir" grados militares á 
los españoles irrita á los godos contra el Príncipe, 
contra nosotros , y aun contra vos: aunque no se dice, 
comprenderéis el motivo. Dad esta carta al Príncipe: 
que resuelva pronto , porque el peligro da poca espera. » 

¿V es verdad 
todo esto? 

Distinguiré. 
A los pobres españoles 
hoy los tienta Lucifer : 
con lo de ofrecerles jefes 
propios , cobran altivez , 
y sin pérdida de tiempo 
quitársela es menester. 
Esto es verdad , y si ocurre 
algún degüello , pardiez 
que no será extraño. Es cierto 
que se conspira también 
contra el Príncipe... De vos 
nadie se queja ; al revés , 
todos sentimos que el Príncipe 
rival tan indigna os dé. 
Quién? Gosvinda? 

Si esa fuera , 
todo se arreglara. 

Pues 
qué otra rival tengo? ¿Cómo 
se llama? Quién es? Di. Quién? 
Dicen que es una española 
duende , que no se la vé , 



— 55 — 

y todo lo enreda. 

Herib. Ah! sí: 

ya estoy. 

Gund. Contra esa mujer 

es el odio general 
de toda la goda grey. 
Esa pierde al Príncipe , esa 
le llevará á perecer , 
esa condena á su estirpe 
á un exterminio cruel. 

Herib. No lo creas, Gundemaro. 
Gracias. Yo lo evitaré. 
Aguardo al Príncipe. Déjame 
hablar á solas con él. 

Gund. {Aparte.) 

Cuanto el Conde me previno , 
se lo he dicho ce por be . 
{Vase.) 



ESCENA X^ 

Heriberta. 



Mis remotas esperanzas 
acabaron esta vez. 
Recesvinto sin los godos 
no puede á Froya vencer , 
y si arma españoles , víctima 
de los conjurados es. 
Dando á Gosvinda la mano, 
diera á su trono sosten : 
esto que le dijo el Duque, 
le habrá repetido el Rey. 
Aquí vuelve. Corazón, 
esfuerza tu intrepidez. 
Viva y reine Recesvinto; 
pierda yo cuanto anhelé. 



— 56 — 



ESCENA XI. 



Recesvinto.-Heriberta. 



Recesv. (Ap. ¡Mi padre con tal porfía 

mandarme salir!... ¡quedarse 

con Egilan!... ;,Va á frustrarse 

la firme esperanza mía ?) 

Heriberta... 
Herib. ¡Qué oportuna 

es tu venida , señor! 

(Rasga la carta.) 
Recesv. Qué rasgas? 
Herib. Un borrador 

sin importancia ninguna. 
Recesv. (Ap. Española! He de indagar...) 

Mira , ven : recapacita. 
Herib. Es que aguardo una visita... 

Visita que hace temblar! 
Recesv. Temblar ? Quién es ? 
Herib. Bien que no : 

respetará el regio albergue. 

— Ay! mi cabello se ycrgue. 

Nada respeta. Ya entró. 
Recesv. Quién? 
Herib. Berengarda. Allí. Mira... 

Al verle , se queda atrás. 
Recesv. (Ap. ¡Española , y ademas 

así la infeliz delira!) 

Vuelve en tí , y el error cese 

que tu pensamiento embarga. 
Herib. Viene y la mano me alarga 

para que vaya y la bese. 

(Da unos pasos , se arrodilla y hace como que loma y 

besa la mano que supone le iiende la sombra de Be- 
rengar da.) 
Recesv. Sola estás conmigo. 
Herib. 



Sola! 

No la ves pegada á mí? 
¿No oyes que me dice : 
dile que eres española?» 



<DÍ 



— 57 — 

Recesv. Vuelva tu juicio á su ser , 

y hasta el solio te levanto. 
Herid. Oís? Queriéndome tanto , 

quién le deja de querer ? 
Recesv. Alza, mi bien. 
Herib. ( iun de rodillas.) 

Qué?... No: el resto 

menos le debe importar. 

Ya no se puede casar 

conmigo : basta con esto. 
Recesv. ¿Qué más quiere esa visión... 

esa ilusión que te engaña? 
Herib. Quiere , para bien de España , 

que oigas una predicción. 

[Dirigiéndose á la Sombra.) 

Mi labio no acertaria... 

No esperéis que se lo anuncie. 

(Se levanta.) 

No es razón que yo pronuncie 

contra mí la profecía. 

(Huye de la Sombra.) 

Señora, mil veces no! 

—Ella en mi cuerpo se embebe! 

Ella es quien mi lengua mueve , 

ella habla en mí ; no hablo yo. 
Recesv. (Ap.) 

Este delirio es tan raro , 

que á maravilloso pasa. 
Herib. (Con una voz como sepulcral.) 

Recesvinto 1 de tu casa 

eres el varón preclaro. 

Recesvinto ! el cielo dones 

grandes te va á conceder : 

procura corresponder 

bien á tus obligaciones. 

De la prenda que te quito , 

sepárate con grandeza : 

en tí fuera una flaqueza 

imperdonable delito. 
Recesv. Qué es lo que oigo ! 
Herib. Cruel , vana , 

y amante de ocio y placeres 

fuera la que tú prefieres, 

en la silla soberana. 

Queriendo atajar el curso 



— 58 — 

del mal que á traeros iba , 
para bien de ambos la priva 
el cielo de su discurso. 
Por esa infausta doncella 
vence tu amoroso afán , 
ó te la asesinarán , 
y á todo un pueblo con ella. 
{Vase.) 



ESCENA XII. 



Recesvinto. 

Asesinármela ! Rios 
de sangre derramaré 
primero : yo prevendré 
vuestros intentos impíos, 
godos , que á la rebelión 
tenéis tan pronta la mano ; 
pues no me queréis Trajano , 
temblaréis de otro Nerón. 
De mi justicia despojos 
los que hoy osan conspirar, 
nadie en mi reino ha de alzar 
contra Heriberta los ojos. 
Resuélvase el Rey... 



ESCENA XIII. 

Egilan.— Recesvinto. 



Egilan. 



Recesv. 
Egilan. 



Vencí. 
El Rey , á quien no disuades , 
teme de tus novedades 
el daño que yo temí. 
Se opone?... 

Dice que está 
bien la ley que nos divide , 



— 59 — 

y que al pueblo que no pide, 

le pervierte quien le da. 
Recesv. Cuando cien provincias doma 

el infiel con sus legiones... 
Egilan. Dice que esas distinciones... 

quien las quiere , se las toma. 



ESCENA XIV. 



Bertinaldo. Gosvinda.— Recesvinto. Egilan 

Gosvin. Gran señor , los toledanos 

contra vos se alborotaban 

por mí ; fui donde gritaban , 

y atajé voces y manos. 
Bertin. Lazos á mi fe han tendido 

con un informe siniestro ; 

temor del peligro vuestro 

me dejó sordo el oído. 
Recesv. Gosvinda... 



ESCENA XV. 



Gijndemabo.— Recesvinto. Gosvinda. Egilan. Bertinaldo. 



GüND. 


Acudid , llegad. 




El Rey envia á llamaros 




á los tres, para dictaros 




su postrera voluntad. 


Recesv. 


Padre mió! 


Egilan. 


Ese motin... 


Bertin. 


Ya cesó completamente. 



— 60 — 



ESCENA XVI. 



Heriberta. Godos.— Recesvinto. Gosvinda. Egilan. 
Bertinaldo. Gundemaro. 



Herib. .Recesvinto, el Rey doliente , 
que ve próximo su fin , 
á tí me envia, fiado 
en que es mi ruego eficaz, 
para que vuelvas la paz 
que á sus reinos has quitado. 

Recesv. Yo? 

Herib. Te pide, antes que rinda 

su espíritu al Criador, 
que un sí reconciliador 
te haga esposo de Gosvinda. 

Recesv. Él quiere?... 

Herib. Siendo notorio 

tu gran respeto filial , 
toda la casa Real 
junté para el desposorio. 

Recesv. El Rey... que esposa me elige... 
me debe escuchar aun. 

Herib. Él te la ofrece, según 
el público bien exige. 

Recesv. Cuando eso diciendo estás , 
sabes tú lo que profieres? 

Herib. Obedezca a sus deberes 

quien los dicta á los demás. 
Contempla esa faz que hechiza , 
mira estas ropas groseras : 
esta es princesa de veras ; 
yo fui princesa postiza. 

Recesv. (Aporte.) 

Oh Dios I Oh martirio doble ! 

Egilan. [A Heriberta.) 
Vos cedéis?... 

Herir. De buena gana. 

Bah! Desde que soy villana , 
tengo corazón muy noble. 



— 61 — 

Y no porque yo lo diga ; 

lo ha dicho y lo ha repetido 

el Rey , y me ha bendecido 

para que Dios me bendiga. 

No cesa de sollozar 

sobre si gano... si pierdo... 

si... Me enternece el recuerdo 

sin poderlo remediar. 
Recesv. (Aparte.) 

Infeliz! 
Bertin. (Ap. á Egilan.) 

Triunfamos. 
Herib. Ea, 

id.— Ah! Este anillo tenia... 

ser de tu esposa debia... 

Toma... para que lo sea. 
Recesv. Nol 
Herib. Sí. —Mas ¿tan leve encuentro 

te hace llanto derramar? 

Un príncipe ha de llorar 

de los párpados adentro. 
Bertin. (á su hija.) 

Ven. 
Herib. Falta la acción postrera 

de mi loco frenesí. 

{A Gosvinda.) 

Tu mano. 

{A Recesv.) 

La luya aquí. 

{Une las de ambos.) 

Marchad: el Rey os espera. 

Salga el sí que vais á dar 

bien firme de vuestra boca... 

- y desterradme á una roca 

del piélago balear. 



FIN DEL ACTO SEGUNDO. 



AGTO TERCERO. 



La misma decoración. 



ESCENA PRIMERA. 



Egilan. Fulgencio , en pié. Bertinaldo , sentado, (lisiante 
de ellos. 



Fulg. Mil veces recuso y tacho 

de incompetente el dictamen 
de los médicos judíos 
en caso tan importante. 

Egilan. Interesado es el tuyo , 
y nada en justicia vale. 
Diez personas de saber 
y en la cuestión imparciales 
afirman que el Rey difunto 
muerto de veneno yace ; (9) 
las apariencias acusan 



- 63- 

del asesinato infame 
á españoles , y español 
eres tú : ¿ quién ha de darte 
crédito cuando pleiteas 
la causa de tu linaje ? 
Tan cierto es el regicidio 
como será inevitable 
el horroroso escarmiento 
que está para ejecutarse. 

Fülg. Pero es posible? ¿seréis 
capaz de tanta barbarie? 

Egilan. Los proceres lo han resuelto 
así ; Gosvinda y su padre , 
que rigen á España en tanto 
que Recesvinto combate , 
lo han aprobado, y me encargan 
la ejecución : no me es dable 
ni aun diferirla. 
{Vase.) 



ESCENA II, 

Bertinaldo. Fulgencio. 



Fülg. (Dirigiéndose al Conde, quese levanta. 

Señor... 
Bertin. Buen Fulgencio , harto se sabe 

que vos estáis á cubierto 

de acusación semejante. 

Casi moribundo el Rey 

un mes há , vos le salvasteis , 

y le vio con grato asombro 

Toledo pisar las calles. 

De la ciudad os hallabais 

ausente seis dias hace, 

noticias de vuestra hija 

buscando afanoso en balde , 

hasta que volvisteis hoy 

por ese funesto lance. 

Supuesto que no se os culpa , 

dejad que muera el culpable. 



— 64 — 

Fulg. Señor , la muerte del Rey , 
según lo que enseña mi arte , 
no ha sido violenta , ha sido 
natural. 

Bertin. Soy ignorante 

en vuestra ciencia ; con lodo , 
nadie notó en el cadáver 
de Lotario seña alguna 
de veneno , y fué no obstante 
muerto con él. 

Fulg. No le dio 

mano española. 

Bertin. Sin darle, 

nos le procuró , y así 
pudo también procurarse 
cualquier consanguíneo vuestro 
un tósigo de la clase 
misma , y hacer uso de él 
en el tumulto que armasteis. 

Fulg. Tumulto , señor ? Llegó 
la noticia deplorable 
de que dejaban al Príncipe 
solo muchos capitanes 
godos , y lanzó Toledo 
un grito de horror unánime. 
Recorrió á pié la ciudad 
el anciano venerable 
nuestro rey , sin consentir 
guardia que le acompañase ; 
y entonces mil españoles 
líeles , de todas edades , 
con sus vidas le brindaron 
contra el rebelde pujante. 

Bertin. Oferta que no admitió. 

Fulg. La oyó, sin embargo, afable. 

Bertin. Y ellos hasta aquí vinieron 
persiguiéndole tenaces. 

Fulg. Con ruegos. 

Bertin. Con exigencias 

de sedicioso carácter ; 
y poco después yacia 
muerto el ^Rey : es indudable 
que se introdujo un traidor 
entonces á envenenarle. 

Fulg. Bertinaldo!... siempre fueron 



— 65 — 



los de mi raza leales; 
siempre miró el español 
en su rey la viva imagen 
de Dios , á pesar de ser 
ulra su ley y su sanare. 
Si le han mirado ios godos 
así , las crónicas hablen. 
Bertin. ¿Sabéis , médico erudito , 

que usáis conmigo un lenguaje 
no muy propio ciertamente 
de un plebeyo miserable ? 
Valor me da la sentencia 



FüLG. 

Bertin. 



Fulg. 



Bertin. 



bárbara que promulgasteis. 
Y se cumplirá : si el reo 
no se me entrega esta tarde 
antes de la hora de sexta , 
se diezman los habitantes 
que hay de vuestra casta dentro 
de los muros imperiales. 
Ya sé el edicto , y la hora 
se va acercando : contadme 
para el sorteo. 

Se hará. 
Idos fuera. 



ESCENA III. 



Gosvinda.— Bertinaldo. Fulgencio. 



Gosvin. 
Fulg. 






es 



¿Qué debate 
este? 

Ah princesa! ¡ah reina 
mia! con los tristes ayes 
de un pueblo infeliz me acerco 
á vuestras plantas reales. 
El nombre de Recesvinlo, 
nombre al español amable , 
por las calles de Toledo 
vaga, ensordeciendo el aire. 
Llena el júbilo el pretorio , 
llena la casa del grande; 



— 66 — 



Gosvin • 



Beutin. 



la desolación en tanto 
inunda nuestros hogares. 
Abraza al hijo español 
muerta de pena la madre; 
llorando estrecha al marido 
la consorte inconsolable. 
Por culpa de uno padecen 
inocentes á millares : 
no hay razón ni conveniencia 
que tal desafuero mande. 
Si hemos de entregar el reo, 
tiempo dad para buscarle : 
para que por él muramos , 
dias quedarán bastantes. 
La piedad , hija del cielo , 
sus bendiciones atrae : 
recordad que perturbados (40) 
vuestros regios esponsales , 
las galas del desposorio 
tuvo el Rey que desnudarse , 
y sin haber recibido 
las bendiciones nupciales , 
del tálamo se privó 
por las tiendas militares. 
Mirad pues que vuestro esposo 
quizá en este mismo instante 
mueve por segunda vez 
contra el rebelde sus haces. 
Más feliz que la primera, 
triunfe su regio estandarte 
con el favor que de Dios 
aquí su esposa le gane. 
Fuera triste, gran señora, 
fuera horrible ensangrentarle 
vos la pngina primera 
de sus gloriosos anales. 
No se la ensangrentaré 
con un castigo "que ultraje 
su nombre ; mas no penséis 
que el regicida se salve. 
Muy cerca estoy de saber 
quién es. 

Cómo ! averiguasteis ?. 



Gosvin. Mucho. 

FüLG. 



Oh Dios 



Gosvin. 

FüLG. 



— 67 — 

Ve y di á los tuvos 



que alienten. 

El cielo os pague 
la esperanza que me dais 
con tan propicio mensaje. 

(Vase.) 



ESCENA IV. 



Bertinaldo. Gosvinda. 



Bertin. 
Gosvin. 



Bertin. 
Gosvin. 



Bertin 
Gosvin 



Bertin 

Gosvin, 



Bertin. 
Gosvin, 



Se descubre algo en efecto? 
Gundemaro nuestro alcaide, 
que hasta aquí nada nos dijo 
por temor de equivocarse, 
me acaba de dar noticias, 
pruebas evidentes casi. 
Pruebas de qué? 

Anoche el rey 
difunto , para librarse 
de la turba de españoles 
que le acosaba incesante, 
se encerró en su cuarto. 

Sí. 
A poco de retirarse 
los españoles, oyó 
Gundemaro como si alguien 
hablase al Rey; y mirando 
por el hueco de la llave, 
vio que trémulo y convulso 
peleaba por soltarse 
de los brazos... 

De quién ? 

De una 
mujer, que al verle expirante, 
huyó veloz por la puerta 
oculta de aquel paraje. 
Una mujer! 

Y según 
la luz dejaba enterarse, 
Heriberta era la furia 
en cuyas manos fatales 



68- 



pereció el Rey. 



Bertin. ¡Gundemaro 

dice eso! 

Gosvin. Podéis llamarle. 

Bertin. ¿Cómo I-leriberta ha venido 
aquí délas baleares? 

Gosvin. Ella nos lo explicará : 

la buscan por todas partes. 

Bertin. ¿Sabes, Gosvinda, que fuera 
mejor que no la buscasen? 

Gosvin. Muera quien mató. 

Bertin. Una loca ! 

No hay castigo que aplicarle. 

Gosvin. Y si está en su juicio? 

Bertin. Atiende. 

En la junta de magnates 
que se ha tenido secreta 
sin Egilan, personajes 
de mucha cuenta han querido 
que un escarmiento notable 
aterre á los españoles, 
que han principiado á inquietarse. 
Reina te aclaman , con esta 
condición irrevocable : 
para cumplirla, conviene 
<pie no se siga el alcance 
mucho al matador. 

Gosvin. ¿Quisierais 

que llegaran á diezmarse 
esos infelices? 

Bertin. ¿Puedes 

imaginar tal dislate? 
No : se principia el sorteo 
con aparatos capaces 
de infundir hondo terror 
aun á los más arrogantes; 
y en juntando una veintena 
de esos, que han de malograrse 
tarde ó temprano , se indulta 
á los demás. 

Gosvin. Cuando tales 

indicios hay, lo primero 
es que me pongan delante 
á quien de antemano amarga 
mis venturas conyugales. 



— 69 — 

Bertin. Te las amargan lus celos, 
que son injustificables. 
Esas cartas de Heriberta 
que por tu nial encontraste, 
las escribió á Recesvinlo 
cuando eran los dos amantes ; 
y con todo, tú por ellas 
la has cobrado odio implacable. 

Gosvin. Se le tengo : no sé qué 
diera por apoderarme 
de las que él le escribió : allí 
viera si esperanza cabe- 
de que, habiendo amado tanto 
los dos, pueda aniquilarse 
la pasión de Hecesvinto , 
y cumplir el homenaje, 
de amor á mí, solo á mí, 
de que este anillo es garante. 
Martirizado mi pecho 
por temores contumaces, 
paso con dolor el dia, 
sueño de noche pesares , 
y no vivo hasta encontrar 
a mi rival detestable 
delincuente y en su juicio 
completo , para vengarme. 

Voces. ( Dentro.) 

No está loca , no. 

Gosvm. Qué escucho ! 

Herib. ( Dentro.) 

Ver á la Ueina dejadme. 



ESCENA V. 



Heriberta, vestida de blanco. Godos, que salen con ella.-ftEü 

TINALDO. GoSVINDA. 



Herib. Fingida fué mi locura, 
nunca estuve delirante. 
Gosvm. Heriberta! 



— 70 — 

Bertin. {Aparte.) 

Esta mujer 

va á desbaratar mis planes. 
Gosvin. Es verdad lo que oigo ? 
Herib. Sí : 

tiempo es de arrojar disfraces. 

Óyeme á solas. 
Gosvin. ¿A qué 

fué esa ficción? 
Herib. (Al Conde.) 

Decidle antes 

cómo Lotario murió; 

tiene aquella muerte enlace 

con mi locura. 
Bertin. Oh! Callad. 

Herib. ¿Ignora lo que tramasteis 

contra mí? 
Gosvin. Qué se tramó? 

Bertin. (Aparte.) 

Nos vendió el médico. 
Herib. (Ap. Sálvese 

Fulgencio.) Tramaron algo 

que pudo perjudicarme 

a ojos vistas; pero yo 

lo oí tras un cortinaje. 
Bertin. (Aparte.) 

Nos oyó. 
Gosvin. Permitid... 

Bertin. Sí : 

convengo en que á solas te hable. 

(Vase y sígnenle los que salieron conHeriberht.) 



ESCENA VI. 



Heriberta. Gosvinda. 

Gosvin. Con que así nos has burlado ? 

Así me has escarnecido? 
Herib. Un rey tienes por marido, 

Gosvinda ; yo te le he dado. 
Gosvin. Tú? 
Herib. Justo es que me indemnice 



— 71 — 

quien todo mi bien estraga : 

yo vengo aquí por la paga 

del sacrificio que hice. 
Gosvin. Qué pretendes ? 
Heuib. Defender 

á mi pueblo calumniado : 

se le achaca un atentado 

que no pudo cometer. 
Gosvin. Que no pudo ? Antes que emprendas 

la defensa que meditas, 

vindicarte necesitas 

de inculpaciones tremendas. 
Herib. Lograr mi objeto presumo. 
Gosvin. Por qué no marchaste á Palma? 
Herib. Faltóle valor al alma 

después del esfuerzo sumo. 

Debí al Príncipe casar 

contigo, y supe cederle; 

quise renunciar ó verle; 

no he podido renunciar. 
Gosvin. Tú le amas aun? 
Herib. Gosvinda , 

si el Rey anciano viviera , 

él , aunque anciano , dijera 

si es posible que se rinda 

al tiempo el amor que abrigo. 

Él de mi delirio ciego , 

él de mi llanto de fuego 

fué consolador testigo. 
Gosvin. El Rey? Dónde le veías? 
Herib. En el convento cercano 

mixto , de San Emiliano , 

que él me destinó. 
Gosvin. ¿Solías 

venir aquí ? 
Herib. Rien que tuve 

la llave correspondiente , 

la usé un dia únicamente. 
Gosvin. Estuviste anoche? 
Herib. Estuve. 

Gosvin. Para qué? 
Herib. La vez postrera 

que el Rey mi albergue pisó , 

de mis padres me ofreció 

darme razón verdadera. 



— 72 — 

Por él anoche llamnda . 
sola aquí me dirigí ; 
temblando el quicio moví 
de la puerta reservada. 
Pero en la cámara augusta 
entro apenas y pregunto , 
cuando el Rey, casi difunto , 
me grita con voz que asusta : 
«Mis años... la conmoción... 
—Huye , no te encuentren sola 
conmigo... eres española... 
muero... y odian tu nación.» 
«Allí, prosiguió, allí... apriesa.. 
Tú verás...»— Y señalaba 
una cajita que estaba 
cerca de él en una mesa. 
A socorrerle acudí ; 
pero de mí se apartó 
convulso : ruido sonó , 
lomé la caja y huí. 
Gosvns. Según lo pintas... 
Herib. Lo pinto 

como sucedió. 
Gosvin. ¿Quéhabia 

en la caja? 
Herib. Contenia 

las cartas de Recesvinto. 
Gosvin. Cartas de mi esposo allí ! 

Pues cómo?... De qué manera?. 
Heuib. A fin de que el Rey pidiera 
las que al Príncipe escribí , 
le fueron por mí entregadas 
antes. 
Gosvin. Y no las cambió! 

Sin duda se las negó 
Recesvinto : las taimadas 
frases de tu amor vulgar 
aun leia con placer.— 
Tú me las has de volver, 
y has de verlas abrasar. 
Herib. La calle, cuando salí, 

estaba de gente henchida : 
por un tropel oprimida , 
la caja en medio perdí. 
Gosvin. JVJe engañas! 



—73 



IIerib. 



Gosvin. 
Herib. 



Gosvin. 



Reina , si miento 
esta vez, no es con ventaja 
mia : guardaba la caja 
también aquel testamento , 
que tu padre sin cesar 
de mil modos me pedia... 
De quién era ? 

Él lo sabia, 
y yo lo debo callar. 
Y á f e que excitó iras tales 
al Rey cuando se le di , 
que perecieran sin mí 
dos vidas muy principales. 
Pasó en fin la triste escena 
del Rey , como dije ya : 
sin culpa mi pueblo está : 
libértesele de pena. 
Aunque hartas dudas me ofusquen 
á creerte me decido 
aun hasta el haber perdido 
la caja, que haré que busquen. 
Consiento en mandar piadosa 
que ese proceso se corte ; 
mas yo soy del Rey consorte , 
y le amo y estoy celosa. 
De tu funesta beldad 
nace el mal que se me atreve : 
por la vida de tu plebe 
quiero mi tranquilidad. 
Como hasta ahora te han visto 
grandes y pequeños loca , 
te has librado de la toca 
de las esposas de Cristo. 
Hoy es forzoso que al pié 
del altar sumisa llegues , 
y esos cabellos entregues, 
que á mi pesar te dejé. 
No basta para vivir 
yo en paz que el amante cedas ; 
es preciso que no puedas 
amarle sin delinquir; 
y que al África te ausentes , 
donde ahoguen tus gemidos 
los tigres con sus rugidos , 
con su silbo las serpientes. 



— 74 — 

Resuelve : la salvación 

de tu pueblo eu tí descansa. 

ÍIerib. No esperé más de tu mansa 
y apacible condición. 
El edicto furibundo 
revoca: yo admito el pacto. 
Dispon , ordena en el acto 
mi separación del mundo. 
Pero del claustro las leyes 
mandan á la religiosa 
que niegue á Dios fervorosa 
cada dia por sus reyes ; 
y para el que amé pedir 
mercedes al Criador 
también es amor, amor 
que no se puede impedir. 
Soy por ese amor capaz 
de rogar por tí , que fuiste 
casi desde que naciste 
mi enemiga pertinaz. 
En fin , haz al que han unido 
á tu suerte mis fatigas 
tan dichoso , que consigas 
que á mí me ponga eu olvido. 
Templa misericordiosa 
de mi raza la opresión... 
ó teme la maldición 
de una rival generosa. 

Gosvin. Teme tú que me arrepienta 
por tu audacia desmedida , 
y que esa cerviz erguida 
se doble á mi pié sangrienta. 
Puedo hacerte aparecer 
del Rey envenenadora. 

Herib. Acusación bienhechora , 
que te debo agradecer. 
Hazla •• un golpe me liberte 
de siglos de atroz tormento. 

Gosvin. No, vivirás: el convenio 

castiga más que la muerte. 



10 — 



ESCENA VII. 



GüNDEMARO.— HERIBERTA. GOSVINDA 



GüND. 



Gosvm. 

GüND. 



Gosvin. 



(A Gosvinda.) 

Perdonad , señora , tengo 

precisión de hablaros. <¿ 

Habla* 
[Ap. á Gosvinda, recalándose de Heriberla. 
Esta caja se ha encontrado *• 
en una calle inmediata. *> 
[Se la enseña apar le.) 
Cartas contiene del Rey o 
paraHeriberta. ► 

¡ Las cartas * 
de Recesvinto! Por fin 
logré lo que deseaba. 
(Ap. Aquí estará el misterioso 
pergamino , que con ansia 

quiso recobrar mi padre 

sin declararme la causa.) 
Lleva la caja á mi cuarto 

sin que la vean, 

(V ase Gundemaro.) 

(A Heriberla.) 

Prepara 

tu ánimo: dentro de un instante 

van á llevarte á las aras , 

donde es fuerza que renuncies 

á toda afición mundana. 

(Ap. Triunfé: quiero sin testigos 

saborear mi venganza.) 

[Y ase.) 



— 76 — 
ESCENA VIII. 

Heriberta . 

Resuelta vine á ceder 

á mi patria mi vivir ; 

Gosvinda supo elegir 

más grande mi padecer. 

Por tí , sañuda mujer ,' 

Heriberta se destrona ; 

y tú , que en la ardiente zona 

duro encierro me destinas , 

clavas en la frente espinas 

á quien te dio la corona. 

Clávalas ; dócil ofrezco 

á sus puntas ambas sienes : 

no hay madre ni padre , á quienes 

angustie lo que padezco. 

Sierva nací , y obedezco 

la ley que con Dios contrasta 

de nuestra abatida casta 

la paciente resistencia.— 

Muda , Señor , tu sentencia : 

basta de ignominia , basta. 

Sí : justo compensador , 

hará el Santo de los Santos 

que el pueblo presa de tantos 

se alce un dia vengador. 

Temblará de su valor 

la verde y la azul campaña , 

y cuando á su justa saña 

contrario llegue á faltar, 

brotará el seno del mar 

nuevos mundos para España. (11) 

Tú , que á nuestra exaltación 

preparabas el sendero , 

recibe el adiós postrero 

de mi amante corazón. 

En dura separación 

nuestro amor vino á parar : 

entre los dos un altar 



— 77 — 

y un conyugal juramento , 
aun de sí mi pensamiento 
debe tu imagen borrar. 
Quédense pues anegadas 
en la corriente del Tajo 
las ilusiones que trajo 
mi pasión acariciadas. 
I Aires de las enramadas 
donde á Recesvinto hablé! 
cuando él , solo en ellas , dé 
por su española un suspiro , 
llevádmele á mi retiro 
por tantos que exhalare. 



ESEWA IX. 



Egilan. Gundemaro. Godos. — Heriberta. 



Egilan. [Al salir.) Que Fulgencio se apresure 

á venir. 

(A Heriberta.) 

Joven, jurad 

que nos diréis la verdad. 
Herib. La diré sin que lo jure. 

Qué ocurre? 
Egilan. Vos , Gundemaro , 

mirad bien á esa mujer. 
Gund. La vi en el pretorio ayer 

noche : cuanto más reparo 

en el aire y vestidura , 

más en mi aserto me afirmo. 
Herib. Yo vuestro aserto confirmo , 

alcaide. 
Gund. Huyó con presura , 

y de su brazo pendia , 

cuando abrió para escapar... 
Herib. Una caja circular. 
Gund. Lo mismo que yo decia. 
Herib. Tengo á la Reina mi encuentro 

con el Rey allí explicando. 
Egilan. La Reina... nos lo ha callado. 

¿Llevaba la caja dentro 



— 78 — 



Herib. 
Egilan. 

Herib. 



Egilan. 
Herib. 



algo? 

Cartas. 

Solamente 
las cartas? 

Y un pergamino 
que vos , según imagino , 
conocéis perfectamente. 
Decid claro lo demás. 
El pergamino ministra 
la muerte al que le registra. 
Egilan. (A los godos.) 
Oís? 
[A Heriberta.) 

Convencida estás. 
El Rey tu amor contrarió : 
en su aposento lias entrado 
con el rollo envenenado : 
el Rey con él pereció. 
Con él? En poder estaba 
del Rey ; pero bien sabia 
el peligro que debia 
correr si le desdoblaba. 
Declaradme antes de todo 
si dar os manda este paso 
Gosvinda , pues en tal caso 
responderé de otro modo. 



Herib. 





esceka X. 




Fulgencio.— Dichos. 


FüLG. 


Señor... 


Egilan. 


¿Lograsteis que aliente 




siquiera su pecho helado? 


Fülg. 


Dios para siempre ha quitado 




la corona de su frente. 


Egilan. 


Murió Gosvinda, Heriberta. 


Herib. 


Gosvinda! 


Egilan. 


Un esclavo halló 



Herib. 



la caja , la Reina vio 

el rollo fatal , y es muerta. 

Gran Dios ! Qué fin le ha cabido ! 



— 79 — 

Egilan. El que te previne á tí. 

Fulg. Vos envenenarla! 

Egilan. Sí; 

que más le hubiera valido, 
pues hoy á muerte más triste 
se ha condenado insensata. 
(A Heriberta.) 
Por tí Gosvinda se mata, 
después que al Rey muerte diste. 
Declara sin dilación, 
ó tormentos inauditos 
habrán de arrancarte á gritos 
la espantosa confesión. 

Fclg. Señor... 

(Tocan clarines dentro.) 

Egilan. Oye los pregones 

con que á tu mísera raza 
nuestro poder amenaza; 
renuncia á tus ambiciones; 
pues aunque del Rey quizás 
no fueses la matadora, 
no fueras la sucesora 
de nuestra reina jamás. 

Herib. Razones tan convincentes - 
alegáis, que no me es dable *> 
resistir. Soy la culpable. (12) °. 

Fulg. Vos! 

Egilan. (A los godos.) 

Ya lo oís. SJ 

Herib. Sed clementes 

conmigo en acelerar 
la pena al delito junta... 
—y excusad cualquier pregunta 
que no deba contestar. 

Fülg. (iodos, el entendimiento 
de esta mujer está herido. 

Egilan. Ha declarado que ha sido 
su locura fingimiento. 

Herib. Sí, todo se descubrió. 
Respiren los toledanos, 
mis inocentes hermanos, 
y muera quien delinquió. 

Fulg. (iodos, ajena es del crimen 
tan noble serenidad. 
No la creáis, no, dudad 



— 80 — 

al menos. 

Heuib. No se dirimen 

así tan graves contiendas : 
si no soy yo delincuente , 
que Fulgencio le presente , 
ó dé para hallarle prendas. 

Egilan. Vana es, si no, tu fatiga. 
[A Fulgencio.) 
Culpar ó no defender. 

Fülg. {Aparte.) 

Irresistible poder 

á libertarla me instiga. 

Quién el crimen perpetró? 



Egilan. 

Herib. 
Fülg. 

Egilan. 
Herib. 

Fülg. 

Herib. 

Fülg. 

Herib. 
Fulg. 
Herib. 



Fclg. 
Egilan, 



Habla. 

De qué estáis perplejo? 
(Ap. Ella es joven, yo soy viejo.) 
Él delincuente soy yo. 
Tú? 

Quien al Rey dio salud, 
cómo su obra destruyera ? 
¿Cómo una mujer hundiera 
al Rey en el ataúd ? 
Por él fui desposeída 
del bien que mi alma anheló. 
Él a mi estirpe negó 
una gracia merecida. 
Él coronó á mi rival. 
Fué ingrato conmigo. 

Acabe 
la cuestión : yo tengo llave 
de la cámara real. 
(Muéstrala.) 

Yo también esta que veis. 
(Muéstrala.) 
Iguales exactamente. — 
Más ó menos claramente , 
reos ambos parecéis; 
mas á tan oscuro caos 
dará luz el tribunal , 
castigando á cada cual 
según merece. 
[A Ueriberla y Fulgencio.) 

Quedaos. 
[Yanse Egilan, (iunúcmaro y Godos.) 



— 81 — 
ESCENA XI. 

Heriberta. Fulgencio. 

Fulg. Heriberta , qué habéis hecho? 

Porque vos os acusáis 

falsamente. 
IIerib. Bien juzgáis 

mi pecho por vuestro pecho. 

Sí , me dejó la advertencia 

vuestra al riesgo prevenida , 

y esa locura fingida 

me conservó la existencia. 

Odiar su conservación 

me hace mi destino aciago : 

aquel yerro satisfago 

con esta nueva ficción. 
Fulg. Yo no puedo consentir 

el sacrificio que hacéis. 

Perezca yo. 
Hertb. No tenéis 

vos causa para morir. 

Dejad , pues de pena salgo , 

dar á mi raza un tributo : 

sobrado mentí sin fruto ; 

sirva lo que mienta de algo. 
Fulg. ¿Así de vuestra virtud 

perdéis la reputación? 
Hebib. ¿Quién estima su opinión 

viviendo en esclavitud? 
Fulg. Tomad mi vida . señora ; 

que haceros reina confio : 

el trono deja vacío 

ya vuestra competidora. 
Herib. Me obligarán á enclaustrarme, 

perturbarán el Estado... 

Al Rey han abandonado 

porque dudó abandonarme. 
Fulg. Cerca de Toledo se halla , 

según avisos recientes. 
Herib. Vendrá á juntar combatientes 



—82- 

para segunda batalla. 

No es justo que mi defensa 

contra el Rey armas provoque ; 

lauro en mi tumba coloque, 

no anhelo más recompensa. 

Ya sacrifiqué mi amor 

de mi amante en beneficio : 

después de tal sacrificio , 

el de la vida es menor. 

Fulg. La mia á su fin avanza , 
florida la vuestra veis. 

Herib. Aun esa hija hallaréis. 

Fulg. Me abandonó la esperanza. 

Heiub. Noticias me prometió 
daros el Rey. 

Fulg. Es verdad? 

es posible? 

Herib. El santo abad 

Ildefonso ya partió 
con otro encargo y con ese. 
Aun no ha vuelto. 

Fulg. Se ha sabido?. 

Herib. Poco tiempo ha transcurrido 
para que el Rey escribiese. 



ESCENA XII. 

Egilan , con una caja para volúmenes.— Heriberta. Fulgencio. 



Fulg. 


Cielos! 


Herib. 


Qué nos anunciáis? 


Egilan. 


Discurrid qué pensaremos 




de los dos , cuando sabernos 




el secreto que ocultáis. 


Herib. 


Qué secrelo? 


Egilan. 


¿Reconoces 




esta caja por la tuya? 


Herib. 


Sí. 


Egilan. 


Todo lo que ella incluya 




lo habrós visto. 


Herib. 


{Saca varias caria?..) 




Sí. ¡Oh goces 




para siempre fenecidos! 



— 83 — 

Sí , sí. Estarán como al darlas 

al Rey... No puedo mirarlas, 

me trastornan los sentidos. 
Egilan. V esto? 

{Presenta á Heriberta un papiro.) {Un papel.) 
Herib. Letra del Rey! 

Fulg. i Del 

rey difunto letra ahí ! 
Herib. Para esto llamada fui! 

por que viera este papel 

dijo con voz ronca y tarda: 

Allí, allí! 
Fulg. Qué os escribe? 

Herib. {Lee) 

«Vuesta madre ya no vive, 

como afirmó Berengarda ; 

pero...» 
Fulg. Dios que reverencio! 

Herib. «En lo demás se engañó ; 

Ildefonso averiguó 

que sois hija de Fulgencio.» 

Ah! 
Fulg. Hija I 

Herib. Padre!... 

Egilan. {Aparte.) 

No es falso 

esto, no se conocían. 
Fulg. Hija adorada! j Y querían 

conducírmela al cadalso! 

No , jamás, no lo tolero : 

para tí no se ha de alzar 

el hacha de ajusticiar; 

perezca el mundo primero. — 

Ya veis, Duque, yo tomaba 

su defensa tan activa... 
Egilan. Porque !a fuerza instintiva 

de la sangre te impulsaba. 
Fulg. Porque supe su inocencia: 

sí, Duque, no es criminal. 

Heriberta , hija, en señal 

primera de tu obediencia , 

rinde homenaje sincero 

á la verdad : yo lo mando. 
Herib. ¿Y qué lograré negando 

lo que sostuve primero? 



— 85 — 

Egilan. Nada , si al punto no tratas 
de acreditar lo que niegues ; 
todo, si ya que no entregues 
otro reo, le delatas. 

Herid. Yo ! Padre, vuestra cordura 
medite la condición : 
me salva una delación , 
es decir, una impostura. 

Fulg. Duque, por Dios que atendáis 
á lo que dije y repito : 
yo soy autor del delito, 
yo el culpable que buscáis. 

Egilan. Ya indagaron mis conjueces 
la verdad y se aclaró : 
Heriberta delinquió, 
y tú inculpable apareces. 
Tú entrabas por ese umbral 
cuando el Rey ya no existía; 
de allí Heriberta salia, 
y el Bey quedaba mortal. 

Fulg. Ved qué á vuestros pies me humillo. 
Yo soy el reo. 

Egilan. Levanta. 

Fulg. No. 

Herid. Padre!... 

Egilan. Esa es la garganta 

que debe herir el cuchillo. 

Fulg. No disimules tu encono, 

juez con entrañas de liera : 
tú solo quieres que muera 
la que está cerca del trono. 

Egilan. Piensa lo que más te cuadre ; 
quéjese al Key tu malicia 
porque le privo en justicia 
de quien le deja sin padre. 

Herid. Señor!... 

Fulg. Sí, te acusaré , 

cobarde emponzoñados 

Egilan. Impertérrito ci furor 
del Rey desaliaré. 

Fulg. ¡ Hijo tengas que te aflija, 

yendo á morir de este modo ! 
Klas no , no merece un godo 
un hijo como mi hija. 
(Voces á lo Ir' jos.} 



— 85 - 
ESCENA XIII. o 

GUNDEMARO. GUARDIAS. — HliRIBERTA, EG1LAN. FULGENCIO. 



GuiND. Señor... 

Egilan. Qué es ese murmullo? 

Gund. La hora fatal es cumplida. 
Herib. Recibid mi despedida 

siu flaqueza y sin orgullo, * 

señor. Por modo bien raro , 

en los brazos paternales 

Dios me pone hoy, de los cuales 

yo soy la que me separo. 

Puesto que sola provoco 

el nial que vos padecéis, 

padre amado , no acuséis 

al cielo... ni á mí tampoco. 

Nuestra española constancia 

en vuestro auxilio llamad ; 

imitadme, recordad 

que nacisteis en Numancia. 

Gon esto, digno de vos , 

diréis al Rey en mi nombre 

que no se vengue cual hombre, 

que perdone como Dios ; 

(¡ue en deber le constituyo 

de que mi sangre utilice, 

y un pueblo desesclavice 

que hará la gloria del suyo; 

que yo le amé siempre fina , 

que le amo en la tumba yerta, 

y en fin que supo Heriberta 

morir como numantina. 
Fulg. Dadme, Señor, vuestro amparo! 
Herib. Adiós. 
Fulg. Hija! 

Herib. Nos veremos 

á la luz de un sol más claro, 

(*) Para la representación pueden suprimirse en esta escena las 
redondillas ¿, a 3. a y 4. a 



— 86 — 

el sol que en torno de sí 

ni error ni dolor consiente. 

Vamos. 

[Fulgencio quiere seguir á su hija.) 
Gund. Tened. 

Egilan, (Aparte.) 

Esta gente 

vale más que yo creí. 

(Vanse Heriberla, Egilan, Gundemaro y la Guardia. 

Ciéñanse las puertas.) 



ESCENA XIV. 



Fulgencio. 

Fulg. Conducid al sacrificio 
la víctima voluntaria: 
para ella será de gloria, 
para vosotros de infamia. (*) 
¿Por qué á tan mísera edad 
llegó mi vejez cansada ? 
¿por qué no perdí la vida 
cuando murió Berengarda? 
Yo quisiera perdonar 
como esa infeliz me manda ; 
mas no lo puedo conmigo , 
no, ni mi perdón bastara ; 
la eterna justicia infunde 
su rigor en mis palabras. 
Venid, secuaces feroces 
del vil profeta de Arabia , 
extermine vuestro acero 
la estirpe fatal á España , 
la que trajo y propagó 
del Pirene á Lusitania 
la esclavitud de los cuerpos, 
la corrupción de las almas , 



(*) Los cuatro versos siguientes pueden suprimirse en h repre- 
sentación. 



— 87 — 

la herejía. (*) ¿Dónde estás, 
rey único de tu raza , 
que á los tristes españoles 
como á tus hermanos amas? 
Pero ese amor es quizá 
quien te lleva la desgracia, 
y acaso en este momento 
sufres la suerte ordinaria 
con que el godo se desquita 
del igual suyo que ensalza , 
de su frente derribando 
la corona con el hacha. 
— Qué estrépito es ese? Gritos 
suenan aquí y en la plaza. 
Hija sin ventura! ya 
vuelas al empíreo en alas 
de tu heroísmo sin par , 
de tu inocencia sin mancha. 
[Ábrese la puerta del fondo.) 



ESCENA xv. 

Egilan , que sale confundido y turbado.— Fulgencio. 



Fulg. Duque I y mi hija ? 
Egilan. Tu hija... 

Fulg. Duque , miradme á la cara. 

No os atrevéis ? ¿ Me tenéis 

compasión ? Desventurada ! 

Más desventurado yo ! 
Egilan. Sin razón te sobresaltas. 

La vergüenza es la que ves 

en mi semblante pintada. 
Fulg. Vergüenza ! De qué? De quién ? 
Egilan. De mí , del Conde , de que haya 

españoles que se ilustren 

(*) En la representación se varía esta escena desde aquí , di- 
ciéndose : 

Pero gritos 
suenan aquí y en la plaza. 
Es decir que se suprimen once versos. 



— 88 — 

cuando los godos se infaman. 

Tu hija es ¡nocente. 
Fulo. Oh! sí ! 

Egilan. Tu hija enaltece su patria. 

Dios fué quien del Rey dispuso; 

Bertinaldo lo declara; 

él á los médicos hizo 

dar declaraciones falsas; 

•pero viendo que Heriberla 

al suplicio caminaba , 

ellos , acusando al Conde, 

la horrible verdad le arrancan. 
Fulg. ¡Ahora, Dios mió, abrid 

la huesa bajo mis plantas !- 

Pero dónde está?... 
Egilan. De aplausos 

y bendiciones cercada , 

recibe al Rey , que triunfante 

penetra en el regio alcázar. 
Fulo. Al Rey! 
Egilan. Yo os aborrecí; 

ya no puedo. 

ESCENA XVI. 

Recesvinto. Heriberta. Godos. Españoles, con trofeos y 
palmas. — Egilan. Fulgencio. 



Fulg. 


Hija del alma! ° 


Herib. 


Padre! 


Recesv. 


Fulgencio ! . 
Señor! ^ 


Fulg. 


Egilan. 


Recesvinto , lutos hallas 




cuando á Toledo conduces &■ 




victoriosas tus escuadras : w 




el hombre sienta en secreto, á 




y aquí, responda el monarca, & 




Los caudillos que llevaste , ¿, 




dónde están ? 


Recesv. 


Mira sus armas: ^ 




parte hay de su sangre en ellas , -"" 




la tierra el resto se traga. 




Traidores me saltearon ; /* * 




preso, á Froya me llevaban, ^ y 




que me aguardaba en lo espeso ^ 



— 89 — 

de un valle entre dos montañas , 
cuando hórrida gritería 
de ambas vertientes estalla , 
y rocas enormes ruedan 
sobre el tirano y mis guardas. 
Unos jinetes heridos, 
. hundiéndose otros en zanjas , 
la fuga imposible queda , 
y lid acérrima traban 
los traidores con aceros , 
los fieles con honda y clava. 
Españoles eran todos 
los que por mí peleaban : 
mozos, ancianos, mujeres , 
los ministros de las aras , 
los niños , juntos allí 
salieron de entre las matas 
cuantos brazos ve mover 
Zaragoza en su comarca. 
Dura eí combale dudoso , 
la muerte indecisa vaga , 
Froya recibe de mí 
el golpe que me aprestaba , 
y desmayando sus tropas 
de la Vasconia y la Galia , 
libre y triunfante me vuelve 
la lealtad zaragozana. 

Fülg. Ese , godos , es el pueblo 

que vuestros grillos arrastra. 

Recesv. (A Egüan.) 

Tú, que de ánimo español 
nunca esperaste una hazaña , 
declara lo que merecen 
los que de Froya me salvan. 

Egilan. Si por su rey Zaragoza 

ganó inmarcesibles palmas , 
Heriberta por Toledo 
su úda sacrificaba. 
Yo, celoso defensor 
de mi altanera prosapia , 
ya injusta la ley declaio 
que tanto tiempo apartadas 
familias tuvo que deben 
un pueblo formar entrambas. 

Godos. Sí. 



•;,-■ 



90 



Herib. 

FüL'G. 

Egilan. 

Godos. 
Egilan. 



Recesv. 
Herir. 

Egilan. 



Todos. 
Egilan. 



Fulg. 
Herib. 

Fulg. 

He mu. 



> Buen Dios ! 

Quede abolida 
por siempre la ley de raza. (13) 
Sí, sí 

Y en reparación 
de nuestra enemiga saña , 
Bey , da tu mano á Heriberta 
para poder aclamarla 
gloria de los españoles 
y Reina de las Españas. 
Duque , respeta á mi padre. 
Duque , dos féretros guarda 
esta mansión. 

De ambos féretros 
voz de desagravio se alza 
que dice : Viva la Reina ! 
Viva! 
(A tleriberla, arrodillándose.) 

Manos temerarias 
he movido contra tí : 
dispon de mi vida. 
{A su hija.) Habla 
como española. 
(.4 Egilan.) Los locos , 
Duque , no recuerdan nada. 
No sé que decís. Alzaos. ^ 
Bien , bija ! Reina te aclaman : fo 
te lo dejo ser, con tal c 
que ignores lo que es venganza b 
Huya con vuelo rápido x. 
lejos de aquí el encono, gy 
dulce hermandad recíproca -*. 
suba conmigo al trono , el 
y ¡ojala difundiérase w 
por cuanto alumbra el sol!b 
Gloria se de al Altísimo ,<2 
y él bendición derrame ¿ 
sobre el piadoso espíritu,^ 
que, roto el yugo infame r i 
la libertad ingénita (14) % 
devuelve al español. \a 



FIN DEL DRAMA. 



— 91 — • 

NOTAS. 

(i) 

Heriberta. 
Sirve de desenlace a este drama el casamiento del rey godo 
Fia vio Recesvinto con Heriberla. Segun los críticos más avisa- 
dos , la esposa de Recesvinto fué la princesa Reciberya, á quien 
otros suponen mujer de Quindasvinto , padre de Recesvinto. 
Siendo el nombre de Reciberga poco á propósito para el teatro , 
principalmente habiendo de llevarle una princesa joven , le he 
sustituido con el de Heriberla , que tiene las mismas vocales 
colocadas en el mismo orden. 

(*) 

La escena es en Toledo , año de J C. 653. 

He supuesto que las bodas de Recesvinto y Heriberla ó Re- 
ciberga se verificaron en el año 653 en que falleció el rey Quin- 
dasvinto (*), porque-nada hay en la historia que lo contradiga. 
De aquella malograda reina solo sabemos, por el epitatio que le 
compuso S. Eugenio 111, que habiéndose casado á la edad de 
quince ó diez y seis años . falleció de veintidós y ocho meses, 
muy llorada por su real esposo, de quien fué entrañablemente 
querida. El epitafio carece de fecha. 

Sostienen algunos historiadores que la rebelión de Froya, 
único disturbio que agitó el quieto reinado de Recesvinto, 
ocurrió algunos años después del fallecimiento de su padre; 
yerran en mi concepto. Quindasvinto murió el dia último de 
setiembre ó primero de octubre de 653 : y en 17 de diciembre 
del mismo año se abrió el concilio octavo de Toledo , en el cual 
se habla de una rebelión reciente ya sofocada: esta debió ser 
la de Froya , que según Ferreras, estalló aun en vida de Quin- 
dasvinto. 

(3) 
Si hace el médico sangría , etc. 

(Fuero Juzgo, libro Tl.°, título 1.°, ley 6. a Texto caste- 
llano.) 

«Si algún físico sangrar algún omne libre... si muriere, 
metan el físico en poder de los parientes que fagan del lo que 
quisieren. » 

i*) 
Está nombrado heredero 
de Quindasvinto. 
Chindasvinlo y Chindasvindo solemos llamar á este rey ; pero 

(*) Algunos dicen que este rey murió en 653 ; otros qué en G.T2; 
otros que en 05o. iS'o/i noslruin tantas cotnponcre Ules. 



— 92 — 

según l«i etimología del nombre y el uso de personas eruditas, 
debe ser Kindasvinto ó Kindasüiiilo , porque se compone de las 
dos palabras góticas Kind y sicinth, que significan poderoso 
en hijos. En las ediciones de la Historia de" Mariana hechas 
por la Real Biblioteca , en la introducción al Fuero Juzgo 
publicado por la Real Academia española y en algún otro libro 
aquel nombre se vé impreso de esta manera : Cnindasvinto. El 
acento circunflejo sobre la i significa que la consonante doble 
que le precede varía de sonido ,. convirtiéndose la ch en k ó q: 
no pudiendo ponerse acento ni otra señal sobre dicha conso- 
nante , se ponia en la vocal inmediata. Así leemos Simmuco y 
Antioqu'ia donde aparece impreso ó manuscrito Simmácho y An- 
tiochia, y aun respecto de estos dos nombres y otros, tengan 
ó no el acento circunflejo , pronunciamos constantemente la ch 
como k. 

El Sr. Bergnes de las Casas , traductor de la Historia de 
España^ escrita en francés por Mr. Romey , escribe Quindas- 
vinlo. 

(5) 

No se tiranice y befe 

más al español honrado , 

forzándole á ser soldado 

y estorbándole ser jefe. 
( Historia universal por el conde de Segur , traducida por 
don Alberto Lista, con adiciones. Tomo J3, pág. 505.) 

«Ervigio, rey de los visigodos. (Año 680.) Atribuyesele la 
ley que hacia iguales para el servicio militar á los españoles y 
á los visigodos. » 

Es decir que antes del año 680 no eran iguales. 

(6) 
Aquel pergamino , etc. 
Este recurso y las situaciones á que dá lugar están tomados 
de La fingida Arcadia , comedia de Calderón , Moreto y otro 
poeta cuyo nombre se ingnora. 

Antes habia empleado Lope un recurso análogo en La boba 
páralos olns y discreta para sí; después se halla usado en 
La prudencia en la niñez y otras composiciones dramáticas. 

Esa aureola. 
Así llama Heriberta á la faja , cinta ó chapa de oro del nimbo, 
adorno mujeril que, según San Isidoro en sus Etimologías, tenia 
cierta semejanza con la luz ó aureola que en su tiempo solían fi- 
gurar los pintores al rededor de las cabezas de los ángeles. 



— 93 — 

Esa ropa, 
digna de un galán de Aspasia, etc. 
En el siglo VII era muy conocido en España el traje griego, 
ó por las poblaciones griegas que había en ella, ó porque algunos 
españoles usaban aquel traje , como puede colegirse de estas 
palabras de San Isidoro en sus Etimologías : «Exótica vestís est 
peregrina de foris veniens, ut in Hispaniam á Grsecis.» 

(9) 
El rey difunto 
muerto de veneno yace. 
(Mariana, Historia de España, libro 6.°, capítulo 8.°) 
«Falleció Quindasvinto en Toledo de enfermedad, ó como otros 
dicen, con yerbas que le dieron.» 

(Morales, Crónica general de España, libro 12, capítulo "28.) 
aFallesció en Toledo de su enfermedad, y otros dicen con pon- 
zoña.» 

(10) 
Recordad que perturbados 
vuestros regios esponsales, 



y sin haber recibido 
ías bendiciones nupciales, etc. 
El contrato de esponsales, esposa vas ó desposorios, era entre 
los godos un verdadero matrimonio civil, hecho el cual, aunque 
podia diferirse el matrimonio sacramental hasta dos y cuatro 
años, los novios quedaban durante este tiempo obligados á guar- 
darse fidelidad completa; y si el desposado se casaba clandesti- 
namente con otra, ó la desposada perdia su honor, ambos eran 
castigados con la pena de los adúlteros. Así Gosvinda, aunque 
aun no hubiese recibido las bendiciones de la Iglesia, era ya 
consorte de Recesvinto por haberse desposado con él, recibiendo 
el anillo v el beso. Véase el Fuero juzgo, libro 5.° 

(11) 
Brotará el seno del mar 
nuevos mundos para España. 
Heriberla, que había estudiado los autores latinos, recordar ia 
el famoso vaticinio hecho por Séneca en su Medea. 

Venient annis sécula seris, 
Quibus Oceanus vincula rerum 
Laxet, et ingens pateat tellus; 
Telhysque nevos detegat orbes, 
Nec sit lerris ultima Thule. 



* — 91 — 

. m 

Soy la culpable. 
La noble ficción de Heriberta, la causa que la motiva y la 
competencia entre Heriberta y Fulgencio, están imitadas de la 
Jerusalen del Taso, canto 2.° Hay sobre aquel asunto una tra- 
gedia alemana del Barón de Cronegk y un drama de Mercier, 
ambas obras con el título de Olinlo y Sofronia. En la comedia 
de Calderón Fineza contra fineza se halla también una imitación 
de ese bello episodio del Taso. 

(13) 
Quede abolida 
por siempre la ley de raza. 
(Fuero Juzgo, libro 3.°, título 1.° ley 1. a Texto vulgar.) 
«Tollemos nos la ley antigua, é ponemos otra meyor: estables- 
cemos por esta ley, que lia de Valer por siempre, que la mujier 
romana pueda casar con omne godo, é la mujier goda puede ca- 
sar con omne romano.» 

Romano s significaba en esta ley español. 
Lardizábal en la introducción al Fuero Juzgo, impreso el año 
de 1815 por la Real Academia Española, dice: i Siguiendo Re- 
cesvinto el ejemplo y máximas de su padre,.... para introducir 
la unión é igualdad entre las dos naciones de godos y romanos 
que componían la monarquía , comprendiendo bajo el nombre de 
romanos á los españoles, como se debe entender que se com- 
prenden en las leyes, volvió á prohibir el uso de las leyes roma- 
nas en toda la extensión de la monarquía.» 

Salva en su Diccionario dice : Romano signiíicaha antigua* 
umüe español, en contraposición á godo. 
(14) 
La libertad ingénita 
devuelve al español. 
(Fuero Juzgo, libro 3.°, título 1.°, ley 2. a Texto latino.) 
«Nec parüm exultare debet libertas ingénita , quum fractas 
vires habuerit prisco legis absoluta sentenlia... Saneimus ut tani 
gotus romanam, quám etiam gotam romanus... facultas eis nu- 
bendi subjaceat. 



(ÍO- 



GOBIERNO POLÍTICO DI-, LA PROVINCIA DE MADRID. 

Madrid 14 de Abril do iS52. 
Examinada por el Censor de turno, y de conformidad con si 
dictamen puede representarse. 

AfcIcJt ór O r clone z . 



Artículos de los Reglamentos orgánicos de Teatros , sobre 
la propiedad de los autores ó de los editores que la 
han adquirido. 

«El autor de una obra nueva en tres ó inas actos percibirá delTealro 
Español, llura Dte el tiempo que la ley de propiedad literaria señala, el íc 
por 100 de la entrada total de cada representación, incluso el abono. Este 
derecbo será tle 3 ñor 100 si la obra tuviese uno ó dos actos.» Arl. 10 del 
Reglamento del Teatro Español de n de febrero de t Sjcj 

«Las traducciones en verso devengarán la mitftd del tanto por ciento 
señalado respectivamente á las obras originales, y la cuarta parte las traduc- 
ciones en prosa.» ídem. arl. ¡i. 

«Las refundiciones de las comedias del teatro antiguo , devengarán un 
tanto por ciento igual al señalado á las traducciones en prosa, ó á la mitad 
de este , según el mérito de la refundición.» ídem art. 12. 

«En las tres primeras representaciones de una obra dramática nueva, 
percibirá el autor, traductor, ó refundidor, por derecbos de estreno , el doble 
del tanto por ciento que á la misma corresponda. Ídem arl. i3 

«El autor de una obra dramática tendrá derecbo á percibir durante el 
tiempo que la ley de propiedad literaria señale, y sin perjuicio de lo quo 
en ella se establece, un tanto por ciento de la entrad) total de cada re- 
ilresentacion , incluso el abono. El máximum de este tanto por ciento será 
el que pague el Teatro Español, y el mínimum la mitad.» Arl. oo del decrete 
orgánico de Teatros del Reino, de 7 de febrero de 1849. 

«Los autores dispondrán gratis de un pjlco ó seis asientos de primer 
orden en la noebe del estreno de sus obras , y tendrán derecho á ocupar 
también gratis, 11:10 de los indicados asientos en c^ida una de las representa- 
ciones de aquellas.» ídem arl 60. 

«Los empresarios ó forinadores de Compañías llevarán libros de cuenta 
y razón, foliados y rubricados por el Gefe Político, á fin de hacer constar 
en caso necesario los gastos y los ingresos.» ídem art 78. 

«Si la empresa careciese del permiso del autor ó dueño para poner en 
escena la obra, incurrirá en la pena que impone el art. 23 de lu ley de pro- 
piedad literaria » ídem arl. Si. 

«Las empresas no podrán cambiar ó alterar en los anuncios de teatro los 
títulos de las obras dramáticas, 1: i los nombres de sus autores , ni hacer va- 
riaciones ó atajos en el testo sin permiso de aquellos ; lodo bajo la pena de 
perder, según los casos, el ingreso total o parcial de las representaciones de 
la obra, el cual sera adjudicado al autor de la misma, y sin perjuicio de lo 
que se establece en el artículo antes citado de la ley de propiedad literaria*.» 
ídem arl. 82. 

«Respecto á la publicación de las obras dramáticas en los teatros, se ob- 
servarán las reglas siguientes : 

i.a Ninguna composición dramática podrá representarse en los teatros pú- 
blicos sin el previo consentimiento del autor. 

2-- 1 E>te derecho de los autores dramáticos durará toda su vida , v se 
transmitirá por veinte y cinco años, contados desde el dia del fallecimiento, 
á sus herederos legítimos, ó testamentarios, ó á sus derécho-babienies , en- 
trando después las obras en el dominio público respecto al derecho de repre- 
sentarlas.» Ley sobre la propiedad literaria de 10 de junio de 1847 , arl. 17. 

«MI empresario de un teatro que baga representar una composición dra 
m.'ilica ó musical , sin previo consentimiento del aut<r ó del dueño , pagará 
á los interesados por via de indemnización una mulla que 110 podrá bajar 
de 1000 reales ni esceder de 3ooo. Si hubiese ademas cambiado el titulo para 
ocultar el fr-uule-, se le impondrá doble multa.» ídem arl. 23. 



ZARZUE v/N SUS PARTITURAS A TODA ORQUESTA 



La hechicera. 

Buenas noches, señor don Simón. 

El novio pasado por agua. 

Por seguir á una muger. 

E! ¿Campamento. 

Tribulaciones !! 

El sacristán de San Lorenzo. 

El duende. 

El duende , segunda parte. 

Las señas del archiduque. 

Colegialas y soldados. 



Tramoya. 
Gloria y peluca. 
Palo de ciego, 
Misterios de bastidores. 
La venganza de Alifonso. 
El suicidio de Rosa. 
La pradera del canal. 
El alma en pena. 
La noche-buena. 
Una tarde de toros. 
Partitura del duende. 



OBRAS. 



Diccionario de la legislación mercantil de España, por D. Pablo 

Avecilla. 
Legislación militar de España, por D. Pablo Avecilla. 
Código penal reformado , ilustrado y anotado con citas y tablas de 

penas. 



PUNTOS DE VENTA 



En Madrid: en las librerías de Cuesta, calle Mayor; Mo- 
nier, Carrera de San Gerónimo, j ítios, calle de Carretas. 

EN PROVINCIAS. 



Adra. . . 
Albacete. • 
Alcalá. . . 
Alcoy. . . 
Algeciras. • 
Alicante. . 
Almadén. . 
Almería. . 
Andujar. . 
Antequera. 
Aranjuez. • 
Avila. . . . 
Aviles. . . 
Badajoz. . 
Baena. . . 
Baeza. . . 
Barcelona . 
ídem. . . . 
Bejar . . . 
Benavente. 
Berja. .. • 
Bilbao. . . 
Burgos. . . 
Cáceres. . . 
Cádiz. . . . 
Calatayud.. 
Carmona. . 
Cartagena.. 
Castellón. . 
Cervera. . . 
Chichina. • 
Ciudad -Real 
Cdad-Rodrig 
Córdoba . . 
Coruña. . . 
Cuenca. . . 
Écija. . . . 
Figueras. ¿ 
Gerona. . . 
Gijon. . . . 
Granada.. . 
Guadalajara 
Guardamar. 
Habana. . . 
Huelva- . . 
Huesca. . . 
Igualada. . 
Jaén. . . . 
J. la Frontra 
León. . . . 
Lérida. . . 
Logroño. . 



Francisco Barranco Medina. 
Nicolás Herrero yPedroní 
Félix Moreno. 
José Martí y Roig. 
Serafín Derqui. 
Pedro 1 barra. 
Félix Quiroga. 
Sres.Vergara y compañía. 
Domingo Caracuel. 
Joaquin Maria Casaus. 
Gabriel Sainz. 
Julián Corrales. 
Ignacio García. 
Sra. Viuda de Carrillo. 
Sres. Fdez. y Larra mendi. 
Manuel Alambra. 
Juan Oliveres. 
JoséPiferrer y Depaus. 
Vicente Alvarez. 
Pedro Fidalgo Blanco. 
Nicolás del Moral. 
Sres. Delmas é Hijo. 
Sergio Villanueva. 
José Valiente. 
Severiano Moraleda. 
Bcrnardino Azpeitia. 
José María Moreno. 
Vicente Benedicto. 
Remigio Moles- 
Joaquin Gasset. 
Manuel AlvarezSibello. 
Antonio Mexía. 
Salomé Pérez. 
Juan Manté. 
Juan José Sischká. 
Pedro Mariana. 
Ciríaco Jiménez. 
Jaime Bosch. 
Narcisa Grasses. 
Vicente de Escurdia. 
José María Zamora. 
Fermín Sánchez. 
Sres. García y Muñoz. 
Charlain y Fernandez. 
Osorno é hijo. 
Bartolomé Martinez. 
Joaquin Jovor y Serra. 
José Sagrista. 
José Bueno. 

Manuel González Redondo. 
Manuel de Zara ySuarez. 
Ciríaco Verdejo. 



I'Oja. . . . 
Lorca. . . 
Lugo. . . . 
Málaga. . . 
Manila. . . 
Manresa. , 
Manzanares. 
Medina Sidonia. 
Motril. . . 
Murcia. . . 
Orense. . . 
Oviedo. . . 
Falencia.. . 
Palma. . . 
Pamplona. 
Plasencia.; 
Pontevedra, 
Priego. . . 
P. Sta. María. 
Requena. . 
Reus. . . . 
Rivadeo, ; 
Ronda. . . 
Salamanca. 
S. Fernando. 
San Lucar. 
Sta. Cruz Tf. 
S. Sebastian. 
Santander. 
Santiago. . 
Segovia. . . 
Sevilla. . . 
ídem. . . . 
Soria. . . . 
Talavera. . 
Tarragona. 
Teruel. . . 
Toledo. . . 
Toro. . . . 
T. de Cuba. 
Tuy. . . . 
Valencia. . 
ídem. . . 
Valladolid. 
Valls. . . . 
Velez Málagí 
Vich. . , . 
Vitoria. . 
Ubeda. . 
Zamora. 
Zaragoza 



Cano, 
o Delgado. 

! i ■¡jol y Masía. 
Frai ..isco de Moya. 
Ramón Somoza. 
Manuel Sala. 
Diinas López 
Hilario de Pina. 
José Joaquin Batlle. 
Antonio Molina. 
José Ramón Pérez. 
Rafael C. Fernandez. 
Gerónimo Carnazón. 
Pedro José García. 
Ignacio García» 
Isidro Pis. 

Juan Verea y Várela; 
Gerónimo Caracuel. 
José Valderrama. 
José Maria Penen. 
Juan Bautista Vidal. 
Marcos Fernandez López. 
Rafael Gutiérrez. 
Telesforo Oliva. 
José Tellez de Meneses» 
José Maria Espcz. 
Pedro M. Ramírez. 
Sres. Domercq y Sobrino. 
Clemente Maria Riesgo. 
Sres. Sánchez y Rúa. 
Eugenio Alejandro. 
Carlos Santigosa. 
Juan Antonio Fe. 
Francisco Pérez Rioja. 
Ángel Sánchez de Castro. 
Antonio Puigrubí y Ganáis. 
Vicente Castillo. 
José Hernández. 
Alejandro Rodrig. Tejedor. 
Meliton Franc de Revengo. 
Francisco Martínez González 
Francisco Mateu y Garin. 
Francisco de P. Navarro. 
José M Lezcano y Roldan. 
Cayetano Radía. 
Antonio María Cebrian. 
Ramón Tolosa. 
Rernardino Robles. 
Francisco de P. Torrente. 
Manuel Conde. 
Pascual l'olo. 



El Circulo Literario Comercial se halla establecido en 
la ^alie de Fuoncarral , casa Astrarena. 



RARE BOOK 
COLLECTION 




THE LIBRARY OF THE 

UNIVERSITY OF 

NORTH CAROLINA 

AT 

CHAPEL HILL 



PQ6217 
.T44 
v.257 
no. 1-12